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HISTORIA DE LA ANESTESIOLOGIA |
Medivisión |
"La
historia es el testimonio de los tiempos,
la antorcha de la verdad, la vida de la memoria,
el maestro de la vida, el mensajero de la antigüedad"
CICERÓN
INTRODUCCION
El dolor y la enfermedad acompañan al hombre a lo largo de toda su historia. Desde las épocas más remotas nos han llegado pruebas de los padecimientos de nuestros antepasados, encontrándose el paleopatólogo con fósiles que tenían las patologías dolorosas más diversas. El nombre anestesia deriva del vocablo griego “a aisthesis”, definiéndose como la privación total o parcial de la sensibilidad producida por causas patológicas o provocada con finalidad médica.
A nivel mundial en el mes de Octubre de todos los años hay una celebración nunca ignorada por los Anestesiólogos del mundo científico: La conmemoración y celebración del Día Mundial de la Anestesiología y no es para menos pues hasta mediados del siglo XIX, había 2 fantasmas que el hombre civilizado de la época, no había podido vencer: excluir o limitar el dolor y evitar las infecciones en las pocas intervenciones quirúrgicas que se realizaban, porque el holocausto que tenían que padecer los pacientes por la tortura del dolor tenía estancado el desarrollo de la medicina y especialmente la cirugía.
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Podemos decir sin temor a equivocarnos que el
descubrimiento de la Anestesia Quirúrgica fue el hallazgo mas espectacular y
trascendental en la historia de la medicina en el siglo XIX, con la famosa
demostración del |
El descubrimiento de la Anestesia, es sin lugar a dudas uno de los mayores tributos que el hombre civilizado deberá rendir a estos paladines que en su lucha sin cuartel contribuyeron noble y dramáticamente al bienestar de la humanidad.
Anestesia General
Los remedios contra el dolor,
de
los que se tiene constancia, han sido variados, desde
la
utilización de
diversos productos, que
la naturaleza ofrecía, hasta
la
aplicación de
ciertas técnicas rudimentarias
de
cirugía.
Así, los asirios conocían un método eficaz, aunque no exento
de
peligro, comprimiendo la
carótida a nivel del cuello con
la
consiguiente isquemia cerebral y
la
aparición de
un estado comatoso lo cual era aprovechado para
la
cirugía. En las civilizaciones ribereñas del Tigris
y del Eúfrates comenzaron a usarse los narcóticos
vegetales, como la
adormidera, la
mandrágora y el cannabis indica (el
hachis), que se cultivaban en Persia o en
la
India.
A los niños del antiguo del antiguo Egipto se les administraba adormidera por
las noches para que dejaran descansar a sus padres.Las
bebidas alcohólicas han sido ampliamente utilizadas en
la
antigüedad para analgesiar en los rudimentos
quirúrgicos de
la
época.
Así, los habitantes
de
las riberas del Ganges usaban el vino, mezclándolo
los chinos con hachis. Estos últimos avanzaron en el
terreno de
la
acupuntura aliviando el dolor con agujas.
En el mundo grecorromano se concebía
la
cirugía desde un punto de
vista práctico. Hipócrates, el gran físico griego decía que, una vez reconocida
la
lesión, el cirujano debía “preparar adecuadamente el campo, colocarse en un
lugar bien iluminado, tener las uñas cortas y ser hábil en el manejo
de
los dedos, sobre todo el índice y el pulgar”. Celso afirmaba que el cirujano
“debía tener mano firme, no vacilar nunca, siendo tan diestra
la
izquierda como la
derecha, vista aguda y clara, aspecto tranquilo y compasivo, ya que desea curar
a quienes trata y, a la
vez, no permitir que sus gritos le hagan apresurarse más
de
lo que requieren las circunstancias, ni cortar menos
de
lo necesario. No debe permitir que las muestras
de
dolor del paciente causen
la
menor mella en él ni en lo que hace”. Era una actividad difícil y complicada
la
cirugía.
En Europa, en
la
Edad Media, los monjes conservaron los antiguos códices griegos y romanos, por
los que sentían verdadera veneración. Al lado
de
las abadías era frecuente el cultivo
de
plantas curativas. El opio extraído
de
la
adormidera era un buen remedio analgésico, siendo frecuente
la
utilización de
la
“esponja somnífera”, con generosas dosis
de
opio y beleño aunque su uso fue restringido por
la
propia Iglesia, posteriormente, ya que se le relacionaba con prácticas
ocultistas. El vino suplió y relegó en el mundo cristiano como analgésico al
opio, al contrario que en el mundo islámico, en el que se recomendaba
de
forma insistente la
utilización del opio, siendo exaltadas sus virtudes por
Avicena.Paracelso, un genio del Renacimiento (s XVI) mezcló ácido
sulfúrico con alcohol caliente (éter sulfúrico), descubriendo que producía un
profundo sueño. Paracelso, a pesar
de
su brillante deducción no fue capaz
de
extraer y analizar las últimas consecuencias
de
este hallazgo, perdiéndose sus conclusiones en los archivos
de
Nüremberg, evitando
la
aparición de
la
anestesia moderna en 300 años.
Es destacable el uso que se hacía del opio desarrollando el comercio oriental,
aumentando el poder de
las ciudades como Venecia y Génova.Ya en el siglo
XVII, en Inglaterra, se intenta inyectar el opio intravenoso mediante el cañón
de
una pluma siendo considerable el avance en el desarrollo
de
técnicas de
inyección intravenosa.
En Europa,
durante el siglo XVIII aparecen dos corrientes originales frente al dolor. Una,
el mesmerismo, basada en un dudoso poder curativo
de
las manos y otra fundamentada en los avances
de
química moderna, concretamente en el campo
de
los gases. Estos últimos van a marcar el descubrimiento
de
la
anestesia moderna. Boyle desarrolló
la
química de
los gases, aprovechando sus avances el clérigo Joseph
Priestley, el descubridor del oxígeno, el óxido nitroso y el nítrico,
recomendando su uso en el campo
de
la
medicina, naciendo la
neumoterapia, que se puso
de
moda en toda Europa.
Curiosamente, el óxido nitroso no fue utilizado porque se
le consideraba peligrosamente mortal. Un osado ayudante
de
cirugía, llamado Humphry Davy
aspiró el óxido nitroso y en vez
de
fallecer experimentó una serie
de
sensaciones extraordinarias, utilizándolo, posteriormente, para experimentar
placer. Un día inhaló el gas varias veces para mitigar una afección dental,
dándose cuente que le disminuía siempre el dolor y podía masticar.
Davy afirmaba que el óxido nitroso parecía capaz
de
calmar el dolor físico y podía ser usado con ventaja en las intervenciones
quirúrgicas, aunque la
extensión del uso del gas se originó porque provocaba hilaridad, siendo
denominado como el “gas hilarante”, moda que era apreciada en algunos sectores
de
la
sociedad, potenciando el desprecio del gas por
la
clase médica, fracasando
la
neumatología. Humphry
Davy se dedicó, posteriormente, a
la
investigación de
la
física y de
la
química pura, descubriendo el cloro mediante
electrolisis. Faraday, el gran físico del electromagnetismo, alumno
de
Humphry Davy, publicó en
1818, que “si se inhala
la mezcla
de
vapores de
éter con aire común se producían efectos similares a los observados por el óxido
nitroso”. Davy y Faraday
estaban abriendo las puertas al futuro
de
la
anestesia, aunque, como ya le ocurriera a Paracelso,
no supieron darse cuenta
de
la
trascendencia del descubrimiento. Los efectos
inconstantes del opio podían producir efectos secundarios, siendo su
presentación farmacológica muy diferente, según su origen.
Serturner, farmacéutico
de
Westphalia se dio cuenta que todos estos productos
tenían un fondo común. Al tratar el opio con amoniaco observó unos cristales
blancos, que purificó con ácido sulfúrico y alcohol. Al observar que los
residuos producían sueño en los animales, lo denominó
morfium en honor al dios del sueño Morfeo. Al igual que
Davy, probó
la
morfina durante una afección dental apreciando una considerable disminución del
dolor. Serturner, abrió un nuevo campo a
la
investigación, el de
los principios activos de
las plantas nada menos. Así, en poco tiempo se desentrañaron los misterios del
beleño, de
la
mandrágora, de
la
belladona... y dejaron de
ser hierbas diabólicas para surtir a
la
Medicina de
alcaloides, como la
atropina, la
mandragorina,
la
Hyoisciamina,
la
escopolamina.
A principios del siglo XIX existía un ambiente propicio para el
desarrollo de
la
anestesia. Por un lado,
la química,
la
biología y la
fisiología ofrecían cada día nuevos hallazgos. Por otro, los médicos y los
cirujanos de
las nuevas generaciones eran más sensibles ante los sufrimientos
de
los enfermos. Bien es cierto que aún seguían creyendo que para empuñar un
bisturí se necesitaba tener el corazón curtido y el ánimo despiadado. Pero esto
era un lastre para la
cirugía moderna. Algunos cirujanos, como le ocurría a
Cheseiden, no dormían
la
noche antes de
una operación y procuraba abreviar tanto el rigor quirúrgico que llegó a
realizar una litotomía ¡en 45 segundos!.
John Hunter, conmovido
por la
brutalidad de
las intervenciones sin anestesia, afirmaba que «la operación quirúrgica es una
confesión muda de
la
impotencia del cirujano», frase incierta, ya que el operado manifestaba
profusamente su dolor. ¿Cuántos ayudantes tenían que sujetar sobre
la
cama al paciente? ¿Cuántas puertas había que cerrar para que sus lamentos no
aterrorizaran a los que aguardaban para ser intervenidos?.
Capurón desahuciaba a las parturientas con
la
frase «el dolor las hace madres».
A Velpeau, el gran cirujano francés, se le suicidó
una joven ante el temor
de ser operada. Pero no sólo los
médicos famosos rechazaban este estado
de
cosas. Así, un humilde médico inglés, Henry Hill Hickman,
sufría ante el desconsuelo
de
sus pacientes. «El cirujano debe ser insensible» le comentaban en Edimburgo
mientras presenciaba las operaciones. Influido por el ambiente,
Hickman comenzó a experimentar con el oxígeno, el
gas carbónico y el óxido nitroso. Experimentó con el gas carbónico en seis
animales (perros y ratas), a los cuales disecó distintas partes del cuerpo sin
que dieran muestras de
dolor curando luego las heridas fácilmente. Al no hacerlo con seres humanos su
hallazgo no fue valorado en toda su dimensión por sus
contemporáneos. Los medios técnicos estaban ya disponibles. Sólo faltaba
para el desarrollo de
la
anestesia moderna alguien que tuviera
la
suficiente claridad de
ideas para observar los efectos
de
estas sustancias y que los aplicara para el alivio del dolor. Horacio
Wells, un dentista
de
Hartford (Connetticut),
se merece el honor de
ser uno de
los pilares de
la
anestesia moderna.
El diez y el once
de
Diciembre de
1844, mientras presenciaba una exhibición
de
los efectos del gas hilarante (óxido nitroso) sobre sus vecinos realizada por
Gardiner Colton, un
feriante que utilizaba el óxido nitroso para producir hilaridad, observó que uno
de
los hombres que había inhalado el gas y que se había herido previamente, al
caerse, no sentía dolor alguno. Intrigado y buscando paliar el dolor
de
los pacientes de
su consulta, inhaló el gas, con
la
ayuda de
Colton y se dejó extraer un diente, por otro
dentista, sin dolor alguno. Había nacido
la
anestesia moderna. Asombrado, publicó inmediatamente el caso, realizando varias
extracciones más sin dolor, aunque su demostración en el Hospital
de
Harvard (Massachussets) no tuvo éxito por
la
indebida aplicación del producto tachándosele
de
farsante.
El descubrimiento
de
la
anestesia se lo disputó un colega y socio suyo, Morton,
que conocía los experimentos
de
Wells desde 1845, sospechando que el éter también
produciría anestesia, siendo el primero en demostrar con éxito, en público, el
uso del éter sulfúrico rectificado (C6H5OC2H5) como anestésico general inhalado
en el Hospital General de
Massachussets, el 16 de
Octubre de
1846, en una disección de
un tumor cervical, dejando asombrados a todos los presentes y publicándolo
posteriormente. La
idea de
la
utilización de
este gas como instrumento para paliar el dolor
la
obtuvo, con probabilidad,
de
un profesor de
química de
la
facultad de
medicina de
Boston, Charles T. Jackson conocido
de
Morton y
de
Wells, que, sin duda, sabía
de
los experimentos de
Wells desde 1845. Este acusó
de
plagio a Morton. A Morton,
de
cualquier forma, no se le puede negar
la
demostración con éxito del gas y su posterior difusión y publicación mundial,
que fue muy rápida, teniendo en Europa y Estados Unidos un éxito fulgurante.
Oliver W. Holmes, decano
de
Harvard bautizó
la
técnica como anestesia en 1846. John
Snow,
de
Edimburgo, fue el primer anestesiólogo del mundo, dedicado exclusivamente a
la
nueva especialidad.A lo largo
de
los años siguientes, la
cirugía avanzó considerablemente, gracias al recurso
de
la
anestesia, pudiéndose desarrollar grandes cirugías.
Theodor Billroth fue el primer cirujano que
operaba el abdomen abierto con anestesia general haciendo
de
Viena la
capital de
la
cirugía mundia.En España, el notable cirujano don
Diego de
Argumosa y
de
Obregón fue el impulsor
de
la
anestesia, introduciendo el éter en 1847, hecho que tiene un gran mérito en
la
España del siglo
XIX.La
destilación de
alcohol, mezclado con cloruro
de
calcio, desarrollada por Suberain y
Liebig en 1831 originó el descubrimiento del
cloroformo. La
aparición del cloroformo o triclorometano (CHCl3)
como anestésico fue muy rápida, utilizándose, por primera vez durante un parto,
en 1847, gracias a un médico
de
Edimburgo llamado James Young
Simpson. Este gas tenía ciertas ventajas sobre el éter, esencialmente que
olía agradablemente y tenía menos efectos secundarios que el
éter.Tras
la
euforia por el descubrimiento
de
los gases anestésicos vino
la
alarma de
las cifras. A medida que se fueron empleando, el relato
de
accidentes mortales demostró que aquel precioso regalo no estaba exento
de
riesgos y peligros. Los ingleses se inclinaron por el cloroformo aduciendo que
era más seguro que el éter. Sin embargo, en 1847, John
Snow refirió el primer caso
de
muerte por dicho producto, dos años más tarde Disray
informó de
otro.Tras el fracaso
de
Wells en Boston, el óxido nitroso prácticamente cayó
en el olvido. Así permaneció hasta 1863 en que el incansable
Gardiner Colton llevó a
cabo en New Haven (Connecticut)
una de
sus habituales demostraciones con el protóxido
de
ázoe o óxido nitroso. Otro dentista llamado J. H. Smith
se decidió a emularlo y convenció a Colton para que
actuara de
anestesista. Tuvieron un éxito completo. En tres semanas extrajeron, sin dolor,
tres mil novecientas veintinueve piezas. En 1877, Colton
pudo presentar una estadística
de
92.000 personas anestesiadas con este gas sin ningún accidente mortal.
Evans sustituyó los sacos que contenían el gas por
«pequeños tanques de
hierro» con el protóxido líquido. En 1877, S. White,
de
Filadelfia, comenzó a proveer
de
óxido nitroso líquido con un nuevo equipo para administrarlo desde un cilindro
metálico un inhalador ajustable a
la
cara y a la
nariz. La
careta nasal fue desarrollada en 1899 por Clover
Coleman. Actualmente el éter y el cloroformo han
pasado a mejor vida en los quirófanos. Sin embargo, el óxido nitroso continua
utilizándose, mezclándose con otros gases anestésicos, como los halogenados, que
han surgido ya en pleno
siglo XX.. Estos gases, junto
a las modernas técnicas quirúrgicas,
la
asepsia, los antibióticos,
la
monitorización de
los pacientes y la
alta tecnología de
los medios utilizados en el quirófano han permitido que el desarrollo
de
la
anestesia general sea espectacular siendo una técnica muy segura.
Anestesia Local
Desde muy antiguo los médicos y los
cirujanos intentaron lograr
la
insensibilidad de
una parte del cuerpo humano. Las drogas
de
acción general eran muy peligrosas y a veces provocaban accidentes mortales.
De
ahí que se procurara aliviar selectivamente
la
parte afectada valiéndose
de
múltiples remedios.
Los egipcios comprimieron los nervios periféricos, técnica
que aún usaba James Moore en el siglo XVIII,
actuando sobre el ciático y el crural anterior, en las amputaciones
de
las extremidades inferiores. El frío fue utilizado por
Hunter y Larrey. En 1852, James
Arnott empleaba una mezcla
de
hielo y sal en la
zona que iba a operar. En 1858, Ozanan empleó el
frío mediante ácido carbónico licuado. En 1867, sir
Benjamin Word Richardson introdujo las
pulverizaciones con éter.Sin embargo, también desde
antiguo se había pensado en evitar el dolor introduciendo sustancias en el
interior del organismo a través
de
la
piel y directamente en los músculos o
la
sangre. Los mismos griegos inventaron un instrumento rudimentario para ello: una
vejiga con una caña. Hacia finales del siglo XV se transformaría en los famosos
clústeres o lavativas.
En 1664-65, Johan Segismundo
Elshotiz (1623-1688) introdujo las inyecciones
intravenosas corno método para
la
administración de
medicamentos.A principios del siglo XIX, ya lo hemos
dicho, se descubre la
morfina. Gay Lussac recibió
la
aparición de
la
morfina con entusiasmo, alborozado, considerándolo «el medicamento más notable
descubierto por el hombre»
En 1853, Alexander
Wood, médico de
Edimburgo, cuya esposa padecía un cáncer incurable, inventó
la
aguja hipodérmica precisamente para inyectarle
la
morfina. Fue la
primera persona en recibir esta droga por esa vía y en ser
la
primera en adquirir el «hábito
de
la
aguja. Pero quien verdaderamente popularizó el método fue el médico francés
Charles Gabriel Pravaz (1791-1855), natural
de
Beauvoisin (Isére,
Francia). Diseñó una jeringa, precursora
de
las actuales. La
dosificación se conseguía dando vueltas al eje del pistón. El inglés
Williams Fergusson
(1808-1873) la
simplificó y luego el fabricante Luer
la
industrializó de
forma parecida a las actuales. Este invento hizo posible
la
incorporación al organismo
de
dos sustancias singularmente importantes en el campo
de
la
analgesia y de
la
anestesia: la
morfina y la
cocaína. Como anestésico,
la
morfina no tuvo éxito. Sin embargo, se aplicó rápidamente contra dolores
de
todo tipo. Muy pronto, incluso, se escapó
de
las manos de
los médicos y fue usada con otros fines. Dumas afirmaba que
la
morfina era el ajenjo de
las damas.
En 1856, abrió sus puertas en USA
la
primera fábrica de
agujas. Desde ese momento,
la
morfina desplazó, definitivamente, al opio en mundo occidental. Era una droga
de
gente bien: burgueses, intelectuales y profesionales (farmacéuticos, médicos y
enfermeras). De
momento era el analgésico sublime. En
la
Guerra Civil Americana (1861-65) fue empleada masivamente y junto al éter alivió
el sufrimiento de
los heridos. Pero a la
vez apareció bien pronto
la «Army
disease», es decir,
la
drogodependencia (se dice que esta contienda creó más
de
millón y medio de
morfinómanos). La
guerra Franco-Prusiana de
1870 crearía idéntico problema en Europa.
La
Army disease se dispara.
Por entonces muchos médicos y sus esposas eran morfinómanos.
La
Medicina se encontró con el problema
de
desintoxicarles. Había grandes personalidades enganchadas.
Bismark se inyectaba morfina varias veces al día
la
víspera de
la
guerra Franco-Prusiana; Williams S.
Halssted, el fundador del Hospital
John Hopkins,
de
Baltimore, era adicto; el neurólogo Westphol se
cortó las venas con trozos
de
una jarra de
porcelana por su culpa. El emperador Maximiliano y Wagner
mismo también la
probaron.El otro producto que irrumpió en el
interior del organismo, gracias a
la
aguja y a la
jeringa, fue la
cocaína y también se empleó para los mismos usos que
la
morfina, aun cuando en este prevaleció el carácter anestésico sobre las
propiedades
analgésicas.La
coca fue conocida desde siempre por los aborígenes amerindios. En tiempos
de
Felipe II se la
llamaba «hayo».
La
coca es un arbusto de
la
especie «Erytroxilum Coca» del cual conocen unas 120
variedades. La
primera descripción de
sus efectos se debe al religioso Tomás Ortiz, en 1499.
En 1857, el doctor
Sherzer trajo a Europa hojas
de
coca y en 1859, en el laboratorio
de
doctor Friedech Wöhler,
el químico Albert Nieman
aisló el alcaloide al que llamó cocaína. Wöhler ya
describió que la
cocaína producía embotamiento
de
los nervios gustativos y una completa insensibilidad.
Fauvel, médico de
París, comenzó a usarla para curar procesos
de
garganta en figuras del bel canto. Luego se intentó
animar con ella a los soldados. A partir
de
1880 se puso de
moda en Medicina como desintoxicante. En ese mismo año
de
1884 Sigmund Freud
publicó su trabajo «Uber Coca» donde
la
ensalza. La
recomienda para curar el morfinismo, contra los trastornos gástricos, contra el
asma y como afrodisíaco. A tanto llegó el entusiasmo que acabó él mismo
convirtiéndose en un consumidor habitual.
Así, en 1909 había en EEUU 69 bebidas
que tenían coca en su composición. Entre ellas
la
Coca-Cola, que ese año sustituyó este producto por cafeína (aún ahora
la
Coca Cola Company se cree que importa «Erytoxylum
Novogratenense» -pobre en cocaína- como
aromatizante).
El mismo año del «Uber Coca»
de
Freud, su compañero Carl
Küller comunicó el 15
de
septiembre, en Heidelberg, sus conclusiones sobre el
empleo de
la
cocaína como anestésico para intervenciones oculares. Y también en noviembre
de
1884 Williams H. Halsted
descubre la
anestesia troncular empleando una solución
de
cocaína al 4 por ciento inyectada. Halsted fue
cirujano en la
Universidad de
John Hopkins desde 1889
hasta su muerte en 1922. A él se debe
la
popularización del uso de
los guantes en cirugía.
En 1885, el americano
Leonard Corning inventó
la
anestesia espinal inyectando cocaína en
la
región lumbar de
la
médula espinal. Robinson perfeccionó el método
extrayendo primero la
misma cantidad de
líquido cefalorraquídeo que luego rellenaba
de
cocaína.En Europa fueron pioneros en
la
anestesia local Anton Wöfler,
discípulo de
Billroth y Paul
Reclus, en Francia, que como siempre se han
disputado el honor de
haber sido los primeros en tal cual técnica. Aún hoy día hay quien llama
«método de
Shleich» a
la
anestesia regional, en honor al médico alemán que
la
popularizó.
En 1904, Alfred
Einharn descubrió el primer anestésico local
sintético: la
novocaína.En 1905, el doctor
Heinrich Braun mejoró los resultados y
la
duración de
la
cocaína añadiéndole adrenalina, sustancia que había sido descubierta
simultáneamente por el japonés Jokchi
Takamane y el americano Thomas
Bell Aldrich.Desde entonces hasta el día
de
hoy se han descubierto gran número
de
sustancias, derivadas de
la
cocaína en su mayor parte, que han hecho
de
la
anestesia local un método seguro y eficaz para evitar el dolor en pequeñas
intervenciones quirúrgicas, desarrollando nuevas expectativas en
la
especialidad, como las unidades
de
tratamiento del dolor, tanto crónico como agudo, que están teniendo un
crecimiento geométrico.
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