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MEDICINA HIPOCRÁTICA |
Para
los hipocráticos, la “hygieie” (salud) es el más alto de los
dones. Para entender el concepto de enfermedad en la mentalidad hipocrática es
preciso conocer lo que entienden por physis o naturaleza pues, para
ellos, <<no es posible conocer la naturaleza de las enfermedades, si no se
conoce la naturaleza en su indivisibilidad>>.
Para
un hipocrático lo importante es la armonía con la naturaleza y todas las
enfermedades consisten en desórdenes de la naturaleza. La protagonista de la
curación es la naturaleza y es ella misma
la que espontáneamente recobra su armonía y resurge la curación; o el
médico debe intervenir para ayudar a llevar a cabo lo que la naturaleza no es
capaz de realizar por si sola. El hipocrático intenta individualizar el
tratamiento, según la constitución del enfermo, la edad, la estación del año
y el momento. Hay enfermos, no enfermedades. El principio básico de la terapéutica
hipocrática era la <<fuerza curativa de la naturaleza>>, que
el médico se limitaba a favorecer mediante la <<dieta>> - no
reducida a la alimentación, sino entendida como régimen de vida – los fármacos,
y la cirugía.
Entre
las indicaciones terapéuticas se encuentran además de la dietética o regulación
de la alimentación, la farmacoterapia y la cirugía. También el ejercicio, la
actividad profesional y las costumbres sociales. Todo ello es “diaita”,
dieta. La dieta abarca no solo la alimentación sino el régimen o forma de
vida. Según Honorio Gimeno, en la medicina hipocrática se preconiza de
preferencia el empleo de la influencia psíquica y de medios dietéticos como régimen
de vida. La enfermedad se produce “a través del desarreglo dietético”
Tres
de los principios terapéuticos empleados por los médicos hipocráticos son:
1.-
<<Primum non nocere>> que dirían luego los seguidores
latinos: antes que nada no perjudicar, es preferible no hacer nada a empeorar la
situación. La terapéutica hipocrática trató siempre de favorecer sin
perjudicar, iba dirigida a todo el cuerpo enfermo y no a sus partes, y se ejecutó
con prudencia.
2.-
Se debe ir a la causa de la dolencia. Ir contra la causa y el
principio de la causa.
3.-
Abstenerse de actuar ante las enfermedades incurables, aceptando la
inevitabilidad de los procesos (fisiológicos)
Fue
en la escuela de Cos, que tuvo a Hipócrates como alumno, donde apareció por
primera vez la idea de una patología general en lugar del concepto de la
enfermedad como un proceso limitado a un órgano; así pues, la enfermedad fue
considerada como una reacción de la physis
o naturaleza del cuerpo, frente a las materias morbosas resultantes del
desequilibrio de los humores.
El interés de la escuela de Cos por las enfermedades agudas y febriles
hizo que se interpretara el curso de los procesos morbosos en tres etapas: la
enfermedad aparecía por la alteración de humores crudos, apepsia
que se manifestaban por los síntomas generales de la enfermedad.
Mediante la reacción de la physis
o naturaleza del cuerpo, se cocían los humores crudos, pepsis,
sobreviniendo la fiebre, la inflamación de los tejidos o se formaba el pus.
La curación del enfermo podía ocurrir por la brusca eliminación de los
humores ya conocidos o crisis, y
también más lentamente, por la excreción paulatina de los materiales morbosos
en la lysis.
La
enfermedad se inicia en el interior del cuerpo humano cuando la mezcla armónica
y proporcional de los humores se altera. Como consecuencia inmediata de la
desarmonía humoral suele producirse una acumulación de sustancias
proveninentes de la desarmonía en determinados lugares del organismo, lo que la
tradición hipocrática llama un “depósito”. Este “depósito”
debe ser expulsado a corto o largo plazo por el organismo a través de una “pepsis”,
es decir, una cocción. La aparición de la cocción, que indica el momento máximo
de la expulsión, se traduce exteriormente en una crisis. La expulsión de la
desarmonía se produce pues por las vías de eliminación: flemas, heces,
sudores, etc.
La
medicina hipocrática, según Lichtenthaeler y Laín, constituye el origen de
una concepción científica de la medicina universal, definitivamente liberada
de la religión y la filosofía y establecida como un conocimiento técnico.
Surgió en el siglo V. a.C. Hipócrates usó los sentidos y la mente como los únicos
instrumentos diagnósticos, creó la medicina clínica junto al lecho (klina)
del enfermo.
Según
Diller, el Corpus Hipocraticum comienza con el planteamiento de la hipótesis
humoral, las bases de un diagnostico racional y los cuidados en la elección de
la dieta o régimen de vida para un buen tratamiento. Siguien do la obra “
De aires, aguas y lugares”, que es el primer texto sobre geografía médica,
climatología y antropología; describe el carácter de las estaciones del año
y las enfermedades que les son peculiares, la influencia de los vientos y las
aguas consideradas como alimentos, y las diferencias constitucionales entre las
razas. En los “Pronósticos”, base del prestigio hipocrático, por
predecir el curso de enfermedades y epidemias, evalúa los signos conocidos por
la facies hipocrática, la
postura del enfermo, los movimientos del cuerpo y de los miembros, la
respiración, sueño, excrementos, orina, vómitos, expectoración,
supuración, dolores y los diferentes tipos de fiebre. El régimen en las
enfermedades agudas se centra en la preparación de la cocción de cebada, los
cambios en la dieta, los efectos del vino, el hidromel (agua y miel) y oximel
(vinagre y miel), y el agua en los baños. Recomendó la práctica de trabajos
corporales y ejercicios al aire libre, a fin de provocar el sudor.
Hipócrates, en palabras de Honorio Gimento, “preconizó la
utilización del ayuno, el pan integral y las frutas y hortalizas crudas y
aconsejó que en cuestiones de alimentación se atendiese al instinto del
enfermo. En lo fuerte de la enfermedad, conviene alimentación muy débil o la
supresión absoluta de todo alimento. En las diarreas intensas la ingestión de
manzana cruda. En invierno y en primavera, se puede comer más que en verano y
en otoño. Cuando se tiene fiebre, el mejor alimento es el jugo de frutas. Si un
enfermo se ha adelgazado bastante por enfermedad larga, no tiene que comer
demasiado para recuperarse antes, sino que ha de hacerlo con precaución. Cuando
la enfermedad no es muy importante y evoluciona en sentido favorable, el médico
no ha de emplear muchos remedios; es mejor que actúe la fuerza vital natural,
a ser posible, por sí sola. Dicha fuerza se conoció después en versión
latina como “vis medicatrix naturae”.
En
cuanto a la aplicación del agua nos dice: “Los baños fríos, seguidos de
ejercicios físicos, dan más calor al cuerpo que los baños calientes Los
dolores muy fuertes de la gota o del reumatismo pueden desaparecer con repetidos
chorros de agua fría. El agua del mar cura heridas y úlceras cutáneas”
Entre
los Aforismos podemos destacar: (I, 1) La vida es breve y el arte largo, la
ocasión es fugaz, la experiencia falaz y el juicio difícil. No basta que el médico
haga por su parte cuanto debe hacer, si por la suya no concurren en el mismo
objetivo el enfermo, los asistentes y demás circunstancias externas. (I,6)
A grandes males, grandes remedios. En el aforismo 65, sección 7ª
leemos : “El alimento dado
al que tiene fiebre, en la convalecencia le vigoriza; durante la enfermedad, le
empeora.”
Como
indica Francisco Guerra, Hipócrates consideró que la función primordial del médico
era conocer técnicamente la physis o naturaleza de los enfermos y
mediante el dominio del arte ayudarla a que restablezca su armonía. Para Hipócrates
hay una causa principal de las enfermedades, las alteraciones producidas por los
alimentos. Incluye también otros agentes patógenos externos, las aguas y el
aire considerados como alimentos, y no olvida los excesos en el ejercicio o el
reposo, los agentes traumáticos, los parásitos y las emociones violentas. Se
refiere extensamente a las enfermedades producidas por agentes del medio
ambiente en el tratado “De aires, aguas y lugares”, donde considera
el efecto de los vientos fríos y calientes, la acción de aguas demasiado frías
y palustres, así como los alimentos y las dietas características de cada país.
En
el Corpus hipocraticum se aceptan las ideas ya establecidas por las
escuelas de Cos y Crotona, que explicaban el proceso morboso como un
desequilibrio de los humores del cuerpo. En la interpretación hipocrática, la
enfermedad se iniciaba con la separación, apókrisis, del humor casual.
La causa
fundamental de la enfermedad en la patología hipocrática era explicada por la
corrupción de los residuos alimenticios, perissômata,
no asimilables, retenidos en el organismo. El estudio racional, katástasis,
del enfermo se iniciaba con el examen de su aspecto externo y con la
exploración sensorial del cuerpo y las evacuaciones.
Como
nos dice Baumann, los textos hipocráticos indican clara y repetidamente que la
curación de las enfermedades es obra de la naturaleza del organismo, pues la physis
encuentra por sí misma la vía curativa a seguir sin necesidad de maestro.
La función del médico es conocer su modo de acción para ayudarla y no
interferir en sus mecanismos, procurando que el enfermo contribuya a la acción
curativa de su propia physis.
El tratamiento debe llevarse a cabo, observando los hechos presentes
en la enfermedad, obrando de un modo semejante a como actúa la naturaleza.
Los
hipocráticos prefirieron los remedios dietéticos o la farmacología suave. Se
emplean también los baños y los fomentos. En las úlceras o heridas, además
de los cuidados tópicos, pone atención en la dieta.
El médico necesita la colaboración del enfermo para llegar a la curación y ayuda a la naturaleza a hacer aquello que por sí misma no podría hacer. Para el médico hipocrático es importante escuchar al paciente, se tiene en cuenta lo subjetivo, lo sentido por él. Además debe estudiar sus relaciones con los demás, los cuales pueden ser de ayuda para la curación.
El
recurso terapéutico principal fue la dieta, díaita,
expuesta en los tratados “Sobre la
dieta”
donde se describen las características, preparación e indicaciones de los
alimentos, tanto para el enfermo como para el sano.
Así, en las crisis de las enfermedades era conveniente disminuir la
alimentación. Recomendación que según Laín Entralgo permaneció como regla
general hasta mediados del siglo XIX. En las enfermedades febriles y agudas se
recomendaba una dieta líquida, como la decocción de cebada ptisane
y la dieta láctea; además se explica el uso del hidromel, oximel, vino,
vinagre y otros productos. Se daba
gran importancia a los ejercicios corporales, el masaje y los baños,
principalmente en el mar.
Son frecuentes los consejos
generales sobre la persona del médico; en “Sobre el médico”
recomienda que sea de aspecto agradable y bien nutrido, porque el público
considera que quienes no cuidan de sí mismos no son capaces de atender a otros.
El médico debía llevar una vida honesta y reglada, ser amable y tolerante, no
ser impulsivo ni de mal humor, pero tampoco demasiado alegre. En “Sobre el
decoro” da normas para entrar en la habitación de los enfermos y la forma
de comportarse durante la exploración. Convenía repetir la exploración para
evitar engaños, teniendo en cuenta que los enfermos mienten a menudo. Indica
que el médico debía huir de ruidos y de olores; tratar con calma y serenidad
al enfermo, evitando que se entere de lo que pudiera ocurrirle de naturaleza
grave, pues en algunos conducía a actuaciones extremas. Hay que “hacer lo
debido y hacerlo bellamente”. Todas las recomendaciones éticas sobre el
comportamiento médico lo encontramos en el Juramento Hipocrático.