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LA
MEDICINA ÁRABE |
La medicina árabe estaba íntimamente unida a la religión y a los usos y
costumbres de la sociedad y la cultura.
Diocles de Caristo (300 a. C.)
Al comienzo de la era
islámica, los seguidores del profeta adoptaron una medicina a la que fueron
incorporando normas de vida, dietas y reglas de higiene que llegaron a formar
parte del camino recto de la salvación: Actos como la práctica de la limpieza de
los dientes, se convirtieron en prácticas rituales. Mahoma incluyó algunas de
estas normas en el Corán que luego se agruparon en el Tibb-Al-Nabi, Medicina del
profeta, donde volvió a integrarse la salud espiritual con la corporal que había
separado la medicina hipocrática. En el Islam surgió el hakim, médico filósofo,
que en el camino de la medicina busca la sabiduría, guiado siempre por elevadas
normas éticas. Une siempre la ciencia con los ideales éticos.
La patología estuvo basada en
la misma doctrina humoral y explica la enfermedad como un desequilibrio en la
armonía natural de los hombres. Como factores etiológicos se aceptaban las
alteraciones en las seis cosas no naturales de Galeno. Otro factor etiológico no
natural fue el alimento y la bebida, pues por mandamiento religioso estaban
excluidas las bebidas alcohólicas, ocupando la dieta una posición decisiva tanto
como causa de enfermedad y como factor terapéutico.
Hay noticias de las academias
de El Cairo y otras ciudades donde se enseñaba la medicina según planes de
estudio adecuados, con facilidades clínicas en hospitales bien dotados, cocinas
orientadas a la preparación de dietas apropiadas, baños, farmacias, jardines
botánicos y ricas bibliotecas. Se utilizan algunas formas de terapia, como los
baños, los masajes, especialmente en los baños o “hamman”, la música y la
ocupación. Igualmente se tiene en cuenta una decoración llena de sensualidad.
La
terapéutica en el mundo árabe, consta de las tres ramas galénicas tradicionales;
la dietética, entendida como regulación total del género de vida; la
farmacología y una cirugía muy poco desarrollada. La
dietética va dirigida a evitar la enfermedad mediante reglas muy sencillas para
los pacientes. Tratan de regular las seis cosas no
naturales del galenismo: aire y ambiente; comida y bebida; sueño y vigilia;
trabajo y descanso; ingesta y excreta y movimientos del ánimo.
Son también importantes: la luz, el aire, el agua, la
situación geográfica y las condiciones climatológicas, así como mantener el
ritmo del trabajo y el descanso, del sueño y la vigilia, la higiene, la higiene
sexual y los “afectos del alma”.
La dietética era la base del tratamiento, e incluso todo el tratamiento, si la
enfermedad no pedía recursos más enérgicos. Según Schipperges, "Las
posibilidades de la intervención médica se ordenaban de manera estrictamente
jerárquica...Ni la cirugía, ni la farmacología estaban autorizadas antes de
ensayar todas las posibilidades de la medicina dietética ".
La medicina islámica poseía ya por sus raíces religiosas un profundo sentido de
compasión fraternal por el enfermo, que adquirió carácter profesional formal en
sus primeros escritos médicos al recoger la tradición hipocrática. Se encuentran
elevadas normas éticas en todos los escritores médicos árabes. El camino recto y
la pura intención son imprescindibles para el buen médico.
También son
importantes los hospitales. En la enfermedad mental, además del tratamiento
dietético, en el hospital se lleva a cabo terapia con música, danza, teatro,
baños y trabajo. Igualmente hay una terapia por sugestión; según Laín Entralgo,
el médico árabe supo dar valor a la psicoterapia.
Hanna Kamieniecki escribe que en la introducción
del "Tratado del Asma" Maimónides dice : "es igualmente claro para los médicos
que no se puede llegar a realizar la terapia de las enfermedades de manera
directa, es preciso esforzarse antes de nada en conocer bien el temperamento del
enfermo". La curación es para él sinónimo de vuelta a un equilibrio anterior
momentáneamente perturbado. Para conseguirlo conviene utilizar no solamente
capacidades del cuerpo sino también las facultades del espíritu. Trata el dolor
corporal al mismo tiempo que el sufrimiento espiritual.
Rhazes (865-932),
al igual que los autores clásicos se interesó por la prevención de las
enfermedades y el uso de las dietas en su tratamiento, el provecho y el daño de
los baños, se ha destacado su comprensión del tratamiento moral en las
enfermedades mentales. Defiende la alquimia. La prevención es más importante que
la terapia, y la dietética es más importante que la intervención audaz. La
atención psíquica del enfermo es condición imprescindible de todo tratamiento.
Abulcasis
se preocupó de problemas psicológicos, como la educación de los niños. Sus
contribuciones a la ética y a la práctica clínica fueron así mismo importantes.
Husain - Ioannitius
divide la medicina en Higiene y Terapéutica, y la terapéutica abarcaba la
dietética, la materia médica (farmacoterapia) y la cirugía, en definitiva el
clásico esquema ternario de Celso. El primer paso del tratamiento era la
dietética y en tanto prevenía la enfermedad, la dietética se configuraba como
higiene y se hacía según las particularidades biológica de la persona (niño,
viejo, biliar, flemático, etc.), la actividad o profesión de éste y la estación
del año.
Avicena (980-1037)
llama “factores necesarios” a las seis cosas no naturales. Escribió el
renombrado Canon, muy utilizado durante los siglos siguientes. La salud par él
no viene del médico “La salud la proporciona un principio muy superior al
médico, el principio que proporciona exclusivamente a la materia su forma
esencial. Su esencia es más notable que la materia” Tanto Rhaces como Avicena se
ocuparon de la higiene sexual en sus textos y
también se reglamento la utilización del baño.
Ibn Wafid
(1008-1075), nació en Toledo
donde estudió medicina y se familiarizó con los textos de Aristóteles,
Dioscórides y Galeno. Se muestra partidario de no usar los medicamentos
compuestos, sólo los simples y aun estos evitarlos si los enfermos se pueden
curar sólo con la dieta.
Publicó
también un texto sobre balneoterapia.
Avenzoar (1092-1162)
nació en Sevilla y mantuvo estrecha amistad con Averroes. Recomendó el uso del
agua fría para disminuir la fiebre. Insistió sobre el valor curativo de las
dietas, previno contra el abuso de los medicamentos, y recomendó comenzar
siempre administrando las drogas en pequeñas dosis y aumentarlas si se
observaban buenos efectos al cabo de tres días. Mantuvo la conveniencia de
espacios amplios y aire puro para mantener la salud y escribió también sobre la
dieta.
Abd al-Habid, da normas de
higiene o prevención y escribe sobre la prohibición de ciertos medicamentos.
Averroes (1126-1198)
puso énfasis en los regímenes de vida y en la
dieta.
Maimónides (1135-1204)
nació en Córdoba. En el siglo XII el centro de la cultura árabe se desplaza
hacia “al-Andalus”. Maimónides da reglas sobre la vida higiénica y las dietas, y
recomienda no usar medicamentos. Si éstos fueran necesarios, debe utilizarse
siempre el más débil y preferir la medicación con simples a
las
fórmulas complejas. Sostiene, según Laín Entralgo, que el hombre es responsable
de su salud y puede por ello influir sobre la duración de la vida. Hay que
reforzar las fuerzas naturales por medio de los alimentos, así como las fuerzas
espirituales a través de los buenos olores.
“Sirven también al incremento de la fuerza animal los instrumentos musicales, el
entretenimiento del enfermo con narraciones alegres que contenten su espíritu,
distiendan su pecho, así como el relato de historias que le animen y le
alegren”. Como dice Sussman Muntner, reconoció las influencias recíprocas entre
el alma y el cuerpo del enfermo.
Muchos de sus consejos son
aún útiles, tal como se demuestra en un manual de «cómo curarse uno mismo»,
conocido como “La preservación de la juventud” y que tuvo que realizar para un
joven príncipe, miembro de la familia del sultán. En este manual y otros
similares que realizó emergen tres grandes principios de la salud: la dieta, el
ejercicio físico, y la actitud mental.
Según Edwarrd Hoffman,
Maimónides recomendó la dieta de cereales integrales como fundamento de una
nutrición correcta. De forma muy explícita prohibió al joven príncipe comer
harina refinada y comentó que «Después de la molienda, se pueden hacer visibles
partes productoras de acidez... El pan debe de estar hecho de grano entero sin
pulir ni refinar».Opinaba que ciertos alimentos no podían comerse juntos, y
especificó con detalle qué alimentos se podían mezclar y cuáles había que comer
separadamente. Escribió que «el comer en exceso es como un veneno mortal para
cualquier tipo de constitución corporal, y es la principal causa de todas las
enfermedades»
«Las emociones del alma
afectan al cuerpo y producen grandes y significantes cambios en el estado de
salud». También declaró: «Los médicos deben saber que se han de valorar las
emociones del alma, éstas deben ser examinadas regularmente y mantenerse en buen
equilibrio» y expuso que las personas que se comportan de manera poco ética
acaban sufriendo padecimientos «interiores». Maimónides recomendaba que debíamos
de seguir siempre «el camino del medio» con respecto al mundo emocional. Es
decir debemos evitar los extremos.
Al-Haris-bn-Kalada opina que el hombre
es como un campo arable, que es bueno si se le cuida y se estropea si le faltan
los cuidados necesarios.
El peso de los escritos árabes en la Edad Media
puede juzgarse considerando el currículum de la escuela de medicina de la
Universidad de Tubinga a fines del siglo XV (1481): en el primer
año los textos eran Ars medica de Galeno y primera y segunda secciones del
Tratado de fiebres de Avicena, en el segundo año se estudiaban el primer libro
del Canon de Avicena y el noveno libro de Rhazes, y en el tercer año los
Aforismos de Hipócrates y obras escogidas de Galeno
Entre los árabes la organización de los
servicios sanitarios creció rápidamente. Desde los tiempos de Harun al-Raschid
(siglo IX) se fundó un hospital en Bagdad siguiendo el modelo de
Jundi Shapur, y en el siguiente siglo el visir Adu al-Daula fundó otro mayor, en
el que trabajaban 25 médicos y sus discípulos, y que se conservó hasta la
destrucción de la ciudad en 1258; en total, existieron cerca de 34 hospitales en
el territorio dominado por el Islam. No eran únicamente centros asistenciales
sino también de enseñanza de la medicina; al terminar sus estudios, los alumnos
debían aprobar un examen que les aplicaban los médicos mayores. Los hospitales
contaban con salas para los enfermos (a veces especializadas, por ejemplo para
heridos, pacientes febriles, enfermos de los ojos) y otras instalaciones,
cocinas y bodegas. De especial interés son las bibliotecas, que contenían muchos
libros de medicina y que estaban en Bagdad, Ispahan, El Cairo, Damasco y
Córdoba; esta última, fundada por el califa al-Hakam II en el año 960, poseía
más de 100 000 volúmenes. La práctica de la medicina estaba regulada por la
hisba, una oficina religiosa supervisora de las profesiones y de las costumbres,
que también se encargaba de vigilar a los cirujanos, boticarios y vendedores de
perfumes. La cirugía se consideraba actividad indigna de los médicos y sólo la
practicaban miembros de una clase inferior; la disección anatómica estaba (y
sigue estando) absolutamente prohibida por el Islam, por lo que la anatomía
debía aprenderse en los libros. Algunos de los médicos estaban muy bien
remunerados, como Jibril bn Bakht-yashu, favorito de Harun al-Raschid, quien
recibía un honorario mensual equivalente a varios miles de dólares y una
recompensa anual todavía mayor, "por sangrar y purgar al comandante de los
Fieles"; también Avicena acumuló una gran fortuna durante su vida.
A mediados del siglo XIII el
poderío del Islam empezó a declinar. En 1236 Fernando II de Castilla conquistó
Córdoba y en 1258 Bagdad fue destruida por los mongoles; en los dos siglos
siguientes la civilización árabe fue poco a poco desapareciendo de las tierras
mediterráneas y de Oriente, pero su impacto cultural dejó huellas indelebles
sobre todo en Persia, en el norte de África y en España. La contribución
principal de los árabes a la medicina fue la preservación de las antiguas
tradiciones y de los textos griegos, que de otra manera se hubieran perdido;
además, mantuvieron el ejercicio de la medicina separado de la religión en los
tiempos en los que en Europa era un monopolio de los clérigos. Mientras en los
países cristianos la enseñanza de la medicina se limitaba a la Iglesia, en
España, Egipto y Siria la instrucción estaba a cargo de médicos seculares y se
impartía a judíos, árabes, persas y otros súbditos del Islam. Esta enseñanza no
era solamente teórica, sino que también incluía prácticas clínicas. Castiglioni
concluye que los árabes:
[...] no contribuyeron de manera importante a su evolución [de la medicina] agregando nuevas observaciones y conceptos, ni abrieron nuevas líneas de estudio médico; pero en una etapa de grandes problemas en Occidente, fueron los que conservaron la tradición médica, los que mantuvieron una cultura médica laica, y los intermediarios de cuyas manos la civilización occidental iba a recuperar un precioso depósito.