|
|
LA VIRUELA |
Dr. Antonio Dubravcic Luksic
Los historiadores calculan que la viruela apareció por primera vez en el momento en que el hombre realizó sus primeros asentamientos agrícolas, hace unos 10.000 años. La primera prueba tangible de su existencia provino de momias egipcias pertenecientes a la XVIII dinastía (1580-1350 antes de Cristo) y la del Faraón Ramsés V (1157 A.C.). Sin embargo, las primeras descripciones conocidas de la enfermedad no se realizaron hasta el siglo IV D.C. en China y el siglo X D.C. en el sudeste asiático.
La viruela no se importó a Occidente hasta el siglo XVI. Luego siguieron epidemias catastróficas que literalmente diezmaron las tribus de indígenas americanos y aniquilaron los imperios azteca e inca. La viruela se había convertido en una enfermedad mundial. En Asia, donde era prevalente la variola mayor, las tasas de mortalidad promedio eran del 20%, pero se elevaban al 40% o al 50% en niños menores de un año.
En Europa, a fines del siglo XVIII, unas 400.000 personas sucumbían por viruela cada año, y un tercio de los sobrevivientes quedaban ciegos. No menos de cinco reyes murieron de viruela en el siglo XVIII, enfermedad que alteró la línea de sucesión de los Habsburgo cuatro veces en cuatro generaciones.
Hacia fines del siglo XIX, las únicas epidemias conocidas de viruela eran de variola mayor. La variola menor se describió por primera vez en Sudáfrica y los Estados Unidos. Se volvió la forma más prevalente de la enfermedad en todos los Estados Unidos, en ciertas regiones de Sudamérica y en Europa, así como en ciertas regiones del este y sur de África.
En los siglos recientes, la viruela se convirtió en una de las enfermedades más temidas, dado que podía atacar en cualquier lugar y no existía un tratamiento efectivo. A diferencia de la malaria y la fiebre amarilla, la viruela no requería de un vector, y podían desatarse epidemias en cualquier momento, independientemente de la estación del año. Además, las mejoras en los servicios sanitarios y las condiciones de vida, que tenían un efecto positivo sobre la incidencia del cólera y la fiebre tifoidea, no tenían tal efecto sobre la viruela.
En Gran Bretaña,
la
observación de
que los ayudantes de
establo y las ordeñadoras eran en apariencia inmunes a
la
viruela
se atribuyó por lo general a la
exposición anterior a la
vaccinia. Esta enfermedad, conocida comúnmente como
viruela
vacuna, es una enfermedad infecciosa caracterizada por
la
erupción de
un rash pustular en vacas que causa sólo síntomas
de
poca importancia y lesiones cutáneas en el hombre.
Edward Jenner, un boticario y cirujano
de
Berkeley, ubicado en el condado rural
de Gloucestershire, había notado
que los que habían sufrido previamente
viruela vacuna demostraban
resistencia cuando se exponían a la
viruela,
y que esta protección podía extenderse hasta 53 años. Con
la
ayuda de
su sobrino, Henry Jenner, recopiló datos epidemiológicos
de
28 individuos, los que proporcionaron
la evidencia para fundamentar su
hipótesis de
que la
inoculación con viruela
vacuna podía prestar un servicio enorme a
la
humanidad.
El 14
de
mayo de
1796, tres días antes de
cumplir 47 años, Jenner comenzó un experimento crucial. Extrajo pus
de
una pústula de
la
mano de
Sarah Nelmes, una ordeñadora que había contraído
viruela
vacuna de
su vaca lechera "Blossom", e inoculó a James Phipps, un niño saludable
de
8 años, mediante dos incisiones superficiales. El niño desarrolló una leve
enfermedad entre el 7º y el 9º día. Se formó una vesícula en los puntos
de
inoculación, que desapareció sin la
menor complicación. El 1º de
julio, se inoculó al niño con la
temida viruela
mediante varios pinchazos e incisiones leves, pero no se enfermó.
Jenner publicó sus resultados en 1798 a
su propio costo, en una monografía hoy famosa titulada: "Investigación
de
las causas y efectos de
la
vacuna antivariólica". Al hacerlo, acuñó el nombre en latín para
la
viruela
vacuna, variolae vaccine.
En todas sus publicaciones, Edward
Jenner utilizó el término "vaccine" (vacuna) para el virus y
la
enfermedad, sin emplear jamás la
palabra "vacunación". Este término fue utilizado por primera vez en 1800 por
Richard Dunning, un cirujano de
Plymouth, con la
aprobación de
Jenner. Luego, la
palabra sería adoptada por Louis Pasteur. En 1881, Pasteur empleó por primera
vez la
palabra "vacuna" en sentido general ("Le vaccin du charbon, Comptes rendus
de
l'Academie des Sciences de
Paris") y propuso que se emplearan las palabras "vacuna" y "vacunación" como
términos generales durante una conferencia internacional en Londres.
La
vacunación se introdujo en las colonias españolas del Nuevo Mundo mediante
transfusiones de
brazo a brazo entre niños huérfanos. En cinco años,
la
monografía "Investigación ..."
de
Jenner se tradujo a otros seis idiomas: holandés, francés, alemán, italiano,
portugués y latín. Poco a poco la
vacunación reemplazó a la
variolación (inoculación de
un sujeto sano con una aguja que penetra
la
piel con una pequeña cantidad de
pus obtenido de
un sujeto infectado con una forma benigna
de
viruela,
dejando grandes espacios de
piel sana entre pústulas), que fue prohibida en Gran Bretaña en 1840.
La
vacunación de
niños pequeños contra la
viruela
fue obligatoria en 1853, y se prohibió
la vacunación
de
brazo a brazo en 1898.
En
la
época de
Jenner, la
vacunación se practicaba en Gran Bretaña por transfusión
de
brazo a brazo, a diferencia de
lo que se hacía en el resto de
Europa. Se descubrió que la
vacuna se podía transferir sucesivamente
de
un individuo a otro sin perder sus propiedades.
La
Conferencia de
Lyon de
1864 marcó el comienzo de
la
producción masiva de
la
vacuna contra la
viruela
cultivada en cuero de
ternero, método iniciado a principios del siglo XIX por investigadores
italianos. La
vacuna se formulaba en base a pústulas que se formaban luego
de
inocular al ternero en varios lugares. El extracto luego se molía en un mortero
y se suspendía en glicerina. No fue sino hasta 1925 que se adoptaron
reglamentaciones sobre calidad de
las vacunas en Gran Bretaña o en cualquier otro país.
A principios
de
la
década de
1950, Collier finalmente desarrolló un método para producir una vacuna
liofilizada activa en escala comercial. Este desarrollo persuadió al Director
General de
la
OMS de
que propusiera un programa de
erradicación global de
la
viruela
en 1953. Su decisión se vio motivada por el hecho
de
que la
URSS había eliminado con éxito la
viruela
en los 50 mediante una campaña de
vacunación y revacunación masiva obligatoria que logró una tasa
de
cobertura por vacuna superior al 80%.
La decisión de organizar campañas de vacunación masivas contra la viruela fue tomada por la Asamblea Mundial de la Salud en 1959. Esta iniciativa trajo aparejada la eliminación de la viruela en varios de los países endémicos menores, pero hacia 1965 quedó claro que se necesitaba un programa mucho más amplio e intensivo. Esto marcó el inicio del famoso Programa Intensificado de Erradicación de la Viruela, que se basó en dos elementos para su éxito: un abastecimiento adecuado de vacuna de alta calidad, seguido de supervisión y contención. Durante este período, la OMS distribuyó 465 millones de dosis de vacuna en 27 países. Cada año de 1967 a 1979, la OMS despachó entre 15 y 45 millones de dosis de vacuna a los países endémicos.
Antes
de
1967, la
vacunación se realizaba mediante un método
de
escarificación o una técnica de
presión múltiple. El Programa Intensificado brindó
la
oportunidad de
desarrollar nuevos métodos. Primero llegó
la
pistola de
inyección, y luego la
aguja bifurcada mucho más efectiva que aplicaba una única dosis
de
vacuna. Luego de
sumergir las agujas en un vial de
vacuna reconstituida, la
dosis se depositaba sobre la
piel y se realizaban 15 pinchazos verticales a través
de
la
gota.