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La lepra en Europa Medieval. El nacimiento de un mito LOS ORIGENES DE LA LEPRA |
Enrique
Soto Perez de
Celis
(estudiante de
la
Facultad de
Medicina de
la
BUAP.)
No se conoce con exactitud el
origen histórico
de
la
lepra
debido a la
falta de
conocimientos para diagnosticar y registrar las enfermedades en
la
antigüedad, y a los pocos datos que esta enfermedad deja en momias y esqueletos.
Los casos comprobables más antiguos
de
lepra
se encontraron en momias egipcias que datan del siglo II a.C., hace unos 2,200
años.2 Esto, sin embargo, no tiene mucha utilidad debido a que hay numerosas
descripciones previas
de
cuadros clínicos que podrían ser causados por
la
lepra.
Aun cuando los registros
de
casos parecidos a
lepra
más antiguos se encuentran en el papiro
de
Berlín,5 que data
de
tiempos de
Ramsés II, algunos autores insisten en que
la
lepra
se originó en la
India y fue llevada a Egipto por Alejandro Magno en su ya legendario viaje
de
exploración y conquista. Esto tiene sentido si analizamos
la
ruta de
Alejandro desde Macedonia hasta
la
India y luego de
regreso pasando por Egipto y por el Oriente próximo.6 Sea como fuere, en el
siglo XX antes de
Cristo, o sea hace 4,000 años, los egipcios probablemente ya habían observado
algún caso aislado
de
lo que hoy conocemos como
lepra.
Egipto era en esos tiempos casa
de
un pueblo errante, los judíos. Hay algunos registros que documentan que hasta
80,000 judíos de
Egipto estaban infectados con
lepra.
Los judíos no sólo
fueron en parte responsables
de
que la
enfermedad se extendiera al huir
de
Egipto, sino que además, junto con los griegos y los árabes, crearon una
de
las mayores confusiones
de
la
historia
de
la
medicina. Para entender los acontecimientos que ayudaron a forjar el mito
de
la
lepra
como una enfermedad temida desde el punto
de
vista religioso, debemos primero revisar las descripciones
de
la
enfermedad que hicieron estas tres culturas. Asimismo es importante conocer el
nombre que cada una
de
ellas asignó a lo que hoy conocemos como
lepra
para comprender cómo una desafortunada serie
de
errores de
traducción, a través
de
cuatro idiomas diferentes, llevaron a crear semejante laberinto médico.
Los hebreos contaban con una palabra que englobaba una serie
de
afecciones cutáneas que, en el marco religioso, representaban enfermedades
"impuras" cuyos portadores debían ser alejados
de
la
sociedad. Esta palabra era tzaraat. Al mismo tiempo, los griegos utilizaban
la
palabra "lepra",
para referirse también a una gran variedad
de
enfermedades cutáneas (probablemente
la
psoriasis, el vitiligo y algunos casos
de
acné). La
enfermedad que hoy conocemos como
lepra,
en cambio, era llamada "elefantiasis" por los griegos. No muy lejos
de
allí, en el mundo árabe, los destacados médicos del Islam habían descrito una
enfermedad que ellos llamaron juzam y que era el equivalente
de
la
"elefantiasis" de
los griegos, o sea
la
lepra
de
hoy en día.7
En el Viejo Testamento, libro sagrado
de
los hebreos, hay repetidas menciones, sobre todo en el Levítico,
de
la
impura enfermedad (o enfermedades) conocida como tzaraat. Cuando los eruditos
de
Alejandría tradujeron el Viejo Testamento al griego, tzaraat fue traducida como
"lepra".
Sin embargo, la
medicina griega llegó al Occidente por medio
de
manuscritos arábicos y, cuando se tradujeron estos manuscritos al latín,
la
palabra arábica que fue traducida como "lepra"
no fue otra sino "juzam", que era el término para definir
la
"elefantiasis" de
los griegos. Esto propició que se estableciera una conexión que nunca debió
haber existido entre
la
"lepra"
de
los latinos, el juzam
de
los árabes, la
"lepra"
de
los griegos y el tzaraat
de
los hebreos. Aunque los médicos medievales conocían este error y se referían a
la
lepra
como dos enfermedades distintas -la
lepra
de
los árabes (o sea
la
lepra
en sí) y la
lepra
de
los griegos (o sea una serie
de
afecciones cutáneas diversas)-, esta diferencia poco importó debido al
estigma religioso que se asoció con
la
enfermedad.7 Esta conexión errónea ayudó a que un padecimiento aparentemente
poco importante como
la
lepra
fuera relacionado con toda una serie
de
enfermedades que habían sido consideradas impuras por el libro sagrado
de
los hebreos (y de
una gran mayoría
de
la
población europea). En parte gracias a este error
de
traducción se inició
la
discriminación y el miedo hacia los enfermos
de
lepra
que marcaría la
historia
de
esta enfermedad.
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la lepra en la biblia |
La
importancia de
la
Biblia en la
sociedad medieval no puede relatarse con palabras ni medirse con números.
Después de
la
desaparición del Imperio Romano, el cristianismo se apoderó
de
un mundo influenciable y débil que necesitaba desesperadamente algo en qué
creer. Las ideas cristianas
de
salvación y perdón echaron raíces en este nuevo mundo, y llegaron a él en las
hojas de
la
Biblia. Sobra por lo tanto decir que las ideas medievales sobre
la
lepra
surgieron de
los increíblemente erróneos preceptos bíblicos.
La
Biblia es, sin duda alguna, el libro en el que
la
lepra
adquiere una mayor importancia histórica y social. Aunque, como ya se mencionó,
es probable que
la mayoría
de
los casos de
lepra
que se refieren en
la
Biblia no sean la
lepra
como la
conocemos hoy, sino otras muchas enfermedades dermatológicas, esto no afectó
la
repercusión de
los escritos bíblicos en lo que a
la
lepra
respecta.
Un ejemplo de
esta equivocación diagnóstica
la
podemos encontrar en
la
historia
de
Naaman el leproso. En este pasaje bíblico se menciona que Naaman era "blanco
como la
nieve".8 Esto hace muy poco probable que
la
enfermedad que lo afectaba fuera
lepra,
debido a que esta característica clínica no es propia
de
la
enfermedad. Lo más factible es que
la
verdadera enfermedad
de
Naaman fuera vitiligo. Otros muchos errores pueden encontrarse, entre ellos
la
idea de
que la
lepra
emblanquecía el cabello9 e incluso afectaba
la
ropa o las paredes10 (se ha pensado que esta "lepra
de
las paredes" es en realidad un hongo o quizás simple humedad).
En la
Biblia la
lepra
no es considerada sólo como una enfermedad del cuerpo sino también como una
enfermedad del alma. En este aspecto el término "leproso" no es dado sólo a
aquellas personas cuya piel y cuyo cuerpo hubiesen sido destruidos, sino también
a aquellas personas castigadas por Dios o apartadas y discriminadas por
la
sociedad.
El ejemplo bíblico más importante
de
la
lepra
como castigo es el del rey Ozías,11 mientras que el
de
la
lepra
como discriminación lo encontramos en el libro del profeta Isaías.12 En algunas
traducciones de
este libro se menciona que el enviado
de
Dios a la
Tierra (o sea Jesucristo) sería considerado como un "leproso", mientras que en
otras sólo se habla
de
que sería humillado. Aunque Jesucristo no era clínicamente un leproso, sí causó
tanto miedo y rechazo como si lo fuera en
la
sociedad a la
que llegó. En este sentido,
la
lepra
deja de
ser una enfermedad para transformarse en un estigma social (aunque para algunas
personas esta "lepra"
de
Jesucristo fue tomada como una señal
de
que los enfermos
de
lepra
eran personas santas13 ).
De
hecho, según el Antiguo Testamento, los leprosos debían
de
ser excluidos de
la
sociedad y retirados
de
los asentamientos humanos para vivir aislados por el resto
de
su existencia.14
Aún más importante es el hecho
de
que los leprosos no pudieran ser curados.
La
palabra que se
usa en los evangelios para referirse al
acto en el que Jesús alivia a los leprosos
de
sus males no es curar, sino limpiar.15 Esto indica, sin lugar a dudas, que
la
lepra
no era considerada como una enfermedad sino como un signo
de
impureza y de
suciedad.
No es raro, por lo tanto, que
la
sociedad medieval odiara y temiera a los leprosos. Tampoco es raro que los
leprosos fueran segregados y apartados
de
los asentamientos humanos y considerados muertos en vida. Con
la
Biblia y sus enseñanzas como fondo histórico, se desarrollaron
la
vida y la
muerte de
los leprosos medievales.
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DIAGNOSTICO Y VIDA DEL LEPROSO |
La
vida de
los leprosos en
la Edad Media fue
de
sufrimiento y horror. Los preceptos religiosos
concernientes a
la
enfermedad eran categóricos en cuanto al aislamiento y
la
segregación de
los enfermos con
lepra. Una prueba
de
ello es que a finales
de
esta era en Europa existían 18,000 leproserías en las distintas áreas
endémicas.16
El procedimiento medieval en cuanto al diagnóstico e identificación
de
la
lepra
no distaba mucho
de los conceptos levíticos.
Cuando el paciente era diagnosticado como leproso ya fuera por el médico, por el
sacerdote y, en algunos pueblos, incluso por el barbero, se emitía un decreto en
el que se lo declaraba como leproso. Debido a las consecuencias sociales que
esto podía ocasionar, el diagnóstico tenía que ser muy bien revisado y los
síntomas correctamente descritos. El estándar
de
oro para el diagnóstico
de
la
lepra
era, según Gaddesden,
la
presencia de
una destrucción masiva
de
la
cara del paciente y sólo en
la
presencia de
este signo se debía hacer
la
afirmación de
que se trataba de
un leproso.5 Sin embargo, y como lo prueban muchos registros, esto no se aplicó
en la
mayoría de
los casos. De
hecho, los diarios del Deán Muur, habitante
de
las Islas Aland entre Suecia y Finlandia y que son analizados y compilados por
Richards en su libro The Medieval Leper indican que el mero rumor
de
que una persona tuviera
lepra
podía llevar a su reclusión en un hospital especial.
¿Por qué era tan importante el diagnóstico
de
lepra?
La
respuesta a esta pregunta se encuentra en las escrituras del Levítico. Y es que
no sólo debía alejarse al leproso
de
la
vida cotidiana y
de
la
ciudad, sino que además perdía el derecho a compartir su cama con una mujer que
no fuese su esposa o a vivir con individuos sanos.
La
lepra
fue, además, desde el año 757 hasta finales del siglo XIV causa legal
de
divorcio y de
pérdida de
todos los bienes comunes.
Cuando
la
enfermedad era diagnosticada en un paciente, el sacerdote iba a su casa y lo
llevaba a la
iglesia entonando cánticos religiosos. Una vez en el templo, el sujeto se
confesaba por última vez y se recostaba, como si estuviera muerto, sobre una
sábana negra a escuchar misa. Terminada
la
homilía, se le llevaba a
la
puerta de
la
iglesia, donde el sacerdote hacía una pausa para señalar: "Ahora mueres para el
mundo, pero renaces para Dios". Luego se le recordaban las palabras del profeta
Isaías, aquellas en que se establecía una relación entre Jesucristo y
la
lepra,
para reconfortar al enfermo. Una vez dicho esto, se llevaba al doliente a los
límites de
la
ciudad donde se le recitaban las prohibiciones: se le prohibía
la
entrada a iglesias, mercados, molinos o a cualquier reunión
de
personas; lavar sus manos o su ropa en cualquier arroyo; salir
de
su casa sin usar su traje
de
leproso; tocar con las manos las cosas que quisiera comprar; entrar en tabernas
en busca de
vino; tener relaciones sexuales excepto con su propia esposa; conversar con
personas en los caminos a menos que se encontrara alejado
de
ellas; tocar las cuerdas y postes
de
los puentes a menos que se colocara unos guantes; acercarse a los niños y
jóvenes; beber en cualquier compañía que no fuera aquella
de
los leprosos; caminar en
la
misma dirección que el viento por los caminos. Además, se le ordenaba que cuando
muriese debía hacerse enterrar en su propia casa.
Una vez proferidas todas estas prohibiciones, se le daba al leproso su ajuar
completo: una capucha
de
color café o gris, zapatos
de
piel, un par de
castañuelas para avisar a
la
gente de
su proximidad, una taza, un bastón, un par
de
sábanas, un cuchillo pequeño y un plato.17 El leproso, solo y desamparado, debía
caminar hacia el campo abierto y asentar su morada alejado
de
todas aquellas personas que no habían sido castigadas con
la
lepra.
Allí viviría y moriría, con suerte acompañado
de
su esposa (si es que ésta no pedía el divorcio), y nunca más podría presentarse
en lugares públicos. En algunos lugares
de
Inglaterra incluso se creó el concepto
de
las "ventanas para leprosos". Estas ventanas, colocadas casi a ras del suelo en
las paredes de
las iglesias, permitían a los leprosos ver
la
misa desde afuera.
La
creación de
las leproserías promovió aún más
la
discriminación y el miedo hacia los leprosos. Aunque pueda parecer absurdo, el
desarrollo de
las leproserías tuvo un efecto negativo en los enfermos y en su evolución. Esto
se debió, en gran parte, a que
la
sociedad de
la
época (y los mismos pacientes), llegaron a considerar a estos hospitales como
cementerios para vivos. Puede imaginarse el efecto que tenía, sobre el paciente,
el estar encerrado sabiendo que el único modo
de
salir era morir. Asimismo, el miedo que se tenía en
la
Edad Media a los leprosos y a
la
enfermedad (ser infectado significaba un
encierro eterno) aumentó considerablemente.
La
construcción de
leproserías tuvo un crecimiento exponencial en
la
Europa medieval. Muchos
de
estos hospitales para leprosos se encontraban adosados a hospitales "normales"
que se encargaban
de
todas las otras enfermedades. A estos establecimientos se les conoció también
como lazaretos en honor a San Lázaro, el santo patrón
de
los leprosos. El origen
de
este santo y su relación con
la
lepra
está, como el resto
de
la
historia
de
esta enfermedad, plagado
de
confusiones. Al contrario
de
lo que se cree, el Lázaro
de
los leprosos no es el Lázaro al que Jesucristo levantó
de
la
muerte, sino el mendigo cubierto
de
llagas de
la
parábola del hombre rico. Sin embargo,
la
relación se generó, y por lo tanto una gran cantidad
de
leproserías llevaron el nombre del Lázaro equivocado e incluso el
de
sus hermanas, Marta y Margarita.18
Es posible que la
relación entre la
lepra
y la
resurrección de
Lázaro no sea un hecho fortuito. Siendo el perdón y
la
salvación dos conceptos muy arraigados en
la
religión católica, no es ilógico pensar que, en un intento religioso
de
"curar" la
lepra,
se haya recurrido a
la
búsqueda del arrepentimiento
de
los enfermos para darle fin a
la
enfermedad por medio
de
la
indulgencia de
Dios.
La
orden de
los caballeros de
San Lázaro, que se separó
de
los caballeros hospitalarios, es otro claro ejemplo del culto a Lázaro. Esta
orden, formada por cruzados escindidos
de
la
orden de
los Hospitalarios, se encargó
de
cuidar a los enfermos
de
lepra
y de
supervisar las leproserías.
De
hecho, muchos de
sus caballeros estaban afectados por
la
enfermedad.
El aislamiento de
los leprosos convirtió en realidad
la
idea de
que la
lepra
fuera como una muerte en vida. Es posible que
la
existencia del leproso medieval se haya visto más afectada por los problemas
psicológicos y sociales que por los problemas físicos que acarreaba su
padecimiento.
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TRATAMIENTOS MEDIEVALES DE LA LEPRA |
Quizás no haya en el extenso campo
de
la
patología, enfermedad que haya sido objeto
de
tan frecuentes experiencias terapéuticas como
la
lepra.
La
historia
de
su tratamiento se ha dividido en tres periodos: incurabilidad, monoterapia y
politerapia.19 Los tratamientos medievales contra
la
lepra
caen en el primer periodo, debido a
la
incapacidad de
los médicos de
la
época para obtener
la
curación o incluso
la
mejoría de
los enfermos.
Los textos medievales que hablan sobre el diagnóstico
de
la
lepra
han sido ampliamente estudiados por su gran valor clínico e histórico. Sin
embargo, aquellos libros que versan sobre el tratamiento
de
la
enfermedad han sido poco analizados y en general han ocupado un lugar poco
importante en el estudio
de
la
lepra.
Esto se debe, en gran parte, a que el tratamiento medieval contra
la
lepra
no producía resultados benéficos. Aun cuando esto es cierto (la
lepra
fue incurable hasta el siglo XX con
la
llegada de
los antibióticos), es muy interesante analizar
la
perspectiva que se tenía sobre
la
terapéutica de
tan temida enfermedad.
Uno de
los autores medievales que más testimonios dejó sobre el tratamiento
de
la
lepra
es Jordanus de
Turre. En su libro Tratado
de
los signos y tratamiento
de
los leprosos y en sus Notas sobre
lepra,
Turre clasificó y analizó los diferentes tipos
de
lepra
y sus tratamientos.20
Siguiendo las directrices
de
Avicena y de
Galeno, los médicos medievales (entre ellos el famoso Guy
de
Chauliac y el mismo Turre) identificaron cuatro etapas
de
la
lepra:
inicio, incremento, estado y declive, que siempre terminaban con
la
muerte del paciente. Tomando como base esta
historia
natural de
la
enfermedad, Turre resumió en tres los objetivos que debía tener un médico al
tratar a un enfermo
de
lepra:
En el tratamiento
de
la
lepra,
los médicos comúnmente tienen tres objetivos: el primero es preservar a las
personas predispuestas antes
de
que la
enfermedad llegue; el segundo es curar a aquellos que sufren cuando ésta ha
entrado pero no está confirmada; el tercero es paliar los daños una vez que ésta
ha sido confirmada.20
Los tratamientos que se recomendaron en
la
práctica médica medieval pueden separarse en dos grandes categorías: los médicos
y los quirúrgicos. Entre los tratamientos quirúrgicos más utilizados se
encontraban la
aplicación de
sanguijuelas, la
cauterización y
la flebotomía.20
De
éstos, el más usado fue
la
flebotomía, que consistía en el corte
de
grandes venas para "limpiar el hígado y el bazo"
de
la
sangre impura del leproso. En muchos textos se llega incluso a
la
recomendación de
preparar ungüentos con
la
propia sangre del leproso para que fuesen aplicados en sus heridas. Otros
autores argumentan que, al ser
la
sangre del leproso sangre sucia, estos linimentos deberían ser elaborados con
la
sangre de
personas jóvenes y sanas.20
Entre los tratamientos médicos más bizarros mencionados en las obras
de
Turre se encuentra
la
carne de
serpiente. Esta idea
de
que las serpientes podían ser utilizadas para el tratamiento
de
la
enfermedad surge
de las enseñanzas
de
Avicena y es reforzada por Galeno. Aunque se ha pensado que el fondo teórico
de
la
utilización de
las serpientes como tratamiento es
la
idea de
que "un veneno expulsa a otro veneno", esto se desmiente debido a
la
afirmación de
Galeno de
que era necesario retirar
la
cola y la
cabeza de
la
serpiente porque contenían
la
ponzoña. Es probable que esta terapéutica fuera algo más simbólico, relacionando
el cambio de
piel de
la
serpiente con el cambio
de
piel que necesitaban los pacientes afectados con
lepra.20
Sin embargo, el enfoque durante el medioevo dado al tratamiento
de
la
lepra
fue muy parecido al tratamiento indiscriminado que se da hoy en día a muchas
infecciones bacterianas. En las farmacopeas
de
la
época se pueden encontrar, además
de
la
carne de
serpiente, otros 250 remedios para
la
lepra.
Desafortunadamente el conocimiento médico
de
la
época no permitía entender qué era
la
lepra
y mucho menos curarla.
De
hecho, faltaban alrededor
de
quinientos años para que por fin se revelara el misterio detrás
de
la
enfermedad, y otros cincuenta más para que dejara
de
ser incurable.
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NOTAS |
1 London, J., Koolau the Leper en To
Build a Fire and other stories, Bantam Classic and Loveswept, pp. 283-298, 1990.
2 Karlen, A., Man and Microbes: Disease and Plague in History and Modern Times,
Touchstone, primera edición, 1995.
3 Venita J., The Legacy of Armauer Hansen, Archives of Pathology and Laboratory
Medicine, vol. 124, pp. 496-497, 1999.
4 Saúl, A., Lecciones
de
Dermatología, Méndez editores, décimocuarta edición, 2001.
5 Steger, J. W. y Barrett, T. L., Leprosy, en Textbook of Military Medicine:
Military Dermatology, Office of the Surgeon General, Department of the Army,
1994.
6 Mark, S., Alexander the Great, Seafaring, and the Spread of Leprosy, Journal
of the History of Medicine and Allied Sciences, vol. 57, 3, pp. 285-311, 2002.
7 Richards, P., The Medieval Leper and his northern heirs, D. S. Brewer, 2000.
8 Libro Segundo
de los Reyes 5:27, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
9 Levítico 13:10, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
10 Levítico 14:35-37, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
11 Libro Segundo
de las Crónicas 27:21, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
12 Isaías 53:4, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
13 Farrell, J., Invisible Enemies, Stories of Infectious Disease, Farrar Stratus
Giroux, primera edición, 1998.
14 Números 5:2, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
15 Evangelio según San Mateo 8:2, Biblia
de
Jerusalén, edición española, GRAFO, 1975.
16 Urbina Torrija, J. R., et. al., Epidemiología
de
la
lepra
a través de
la
frecuentación de
el Hospital Especializado
de
Trillo durante el periodo 1943-1995, Revista Española
de
Salud Pública, 71 (5), 463-477, 1997.
17 La
versión completa
de esta misa y
de
los procedimientos para excluir a los leprosos
de
la
sociedad medieval se puede encontrar en Richards, Peter, The Medieval Leper and
his Northern Heirs, D. S. Brewer, 2000.
18 Neyra Ramírez, J., Imágenes Históricas
de
la
Medicina Peruana, Fondo Editorial
de
la
UNMSM, 1999.
19 De
las Aguas, J. T.,
Historia
de
la
Terapéutica de
la
Lepra,
Revista Internacional
de
Dermatología y Dermatocosmética, pp. 117-124, marzo 2001.
20 Demaitre, L. E., The Relevance of Futility: Jordanus
de
Turre on the Treatment of Leprosy, Bulletin of the History of Medicine, vol.
70.1, pp 25-61, 1996.