|
|
MEDICINA DE LA EDAD ANTIGUA |
En la
Medicina primitiva el concepto de enfermedad es mágico y misterioso, difícil de
separar de las creencias espirituales y de conformación del mundo, ya que éstas
y las ideas médicas están íntimamente relacionadas.
Tras
un análisis etnológico de la enfermedad entre los pueblos primitivos, Clements
concluye que reconocen como causa de enfermedad, la infracción de un tabú, el
hechizo dañino (algo así como el mal de ojo), la influencia de un espíritu
maligno, la intrusión mágica de un cuerpo extraño y la pérdida del alma. Se
puede enfermar y perder el alma por el miedo súbito, por un susto o por un
accidente imprevisto.
Considera Frazer que la clave del
poder curativo del médico primitivo radica en su capacidad para liberar la
fuerza psíquica del individuo enfermo, activando con sus ritos y su influencia
mágica los recursos curativos del subconsciente colectivo. En palabras de Laín,
el fármaco no obra por su <<qué>>, su naturaleza o composición esencial, sino
por su <<quién>> - el que le administra, el mago domeñador de las fuerzas
ocultas – así <<cómo>> - el ritual de administración indispensable para su
acción – y su <<dónde>> - el lugar en que se aplica y las fuerzas que allí se
liberan. Los medicamentos, en definitiva, no se emplean por su naturaleza, sino
porque ayudan al mago–sacerdote en el control de las fuerzas ocultas causantes
de la enfermedad. Por ello su recolección y preparación ha de ir acompañada de
rituales, sólo conocidos por el médico, mago o chamán.
Cuando la mente primitiva piensa que la enfermedad se debe a la infracción de un
tabú , el médico primitivo cuenta con poderoso recursos terapéuticos, entre los
que destaca la “confesión” del enfermo. Al declarar las faltas morales, el
enfermo se libera del sentimiento de culpabilidad que le angustia y que
conscientemente acepta haber cometido. Se libera así del sentimiento de culpa.
Los ritos de purificación corporal con el agua, el ayuno, las dietas, los
vómitos y las purgas tienen especial interés en el tratamiento de las
enfermedades.
Los
incas tenían cada año un día de purificación en los ríos, a cuyo cauce acudían
los reyes a confesar los pecados para que fueran al mar y son bien conocidos los
ritos de purificación hindúes en las aguas del Ganges. Es muy conocido el uso de
los baños de vapor por los indios precolombinos como parte de un ritual
religioso e higiénico para la curación de las enfermedades.
Según José María López Piñero, en la antigüedad
hubo acertadas observaciones relativas a las enfermedades. Por ejemplo, los
médicos hindúes descubrieron la presencia de azúcar en la orina de los
diabéticos casi dos mil años antes que los europeos, y también anotaron muy
tempranamente la relación entre el paludismo y determinados mosquitos, los
signos clínicos de las fracturas, etc.
En el ayurveda de la India, los desequilibrios de
la relación del individuo con el medio (alimentación, intemperie climática,
estaciones, género de vida, etc.) son las causas más importantes de enfermedad
para el. El tratamiento médico: tenía un sentido de ser una ayuda de los seres
humanos al restablecimiento del orden del cosmos, un orden religioso, moral, y
físico, que la enfermedad había alterado.
La enfermedad se entiende aquí como desequilibrio
ético y moral, como actuación no correcta en la conducta, como pecado voluntario
o no, que puede ser corregido mediante un ritual y la búsqueda del equilibrio
con lo que le rodea.
Concebían el mundo físico y psíquico como una unidad y una constitución común
del macro y microcosmos a base de cinco elementos: el éter o vacío; el viento;
el fuego; el agua y la tierra.
Hay
tres elementos biológicos o esenciales para la vida:
- El viento,
presentado como soplo o corriente del cuerpo prâna idéntico al que recorre el
universo.
- El fuego
presentado bajo la forma de bilis.
- El agua bajo
la forma de pituita que recorre todo el cuerpo.
La salud es el <<orden>>, el equilibrio dinámico
de estas fuerzas; la enfermedad
es el <<desorden>> , el desequilibrio de las
mismas; el terapeuta debe ayudar a restablecer el <<equilibrio vital>>.
Los
trastornos se explican por causas inmediatas múltiples como la influencia de las
estaciones, del género de vida, de los alimentos, de la herencia o, claro está,
de voluntad divina o de la intervención de espíritus malignos. La Terapéutica
hindú pretendía ayudar la reconstrucción del orden físico, espiritual y moral
alterado por la enfermedad.
LA
TRADICIÓN MÉDICA ANTIGUA EN EGIPTO, MESOPOTAMIA, ISRAEL, ASIRIA-BABILONIA
La
tradición egipcia relacionó las crecidas del Nilo con la salud y la enfermedad,
pues como ha señalado Jagailloux, las subidas del nivel de las aguas
significaban abundantes cosechas y salud, mientras que los bajos niveles
acarreaban el hambre y las epidemias. Su alimentación consistía y legumbres,
frutas, huevos, algo de pescado, poca carne, y excluían de su dieta el cerdo y
las bebidas alcohólicas. Los Egipcios hacían uso frecuente de baños y abluciones
y fueron cuidadosos de la higiene personal, la limpieza de su ropa, la higiene
en sus casa y en la preparación de los alimentos.
Los egipcios consideraban la salud como el estado natural del ser humano. La
enfermedad podía clasificarse en dos grupos: aquellas cuyos síntomas eran
evidentes, tales como los traumatismos, heridas, fracturas o quemaduras, en las
que generalmente no se apelaba a explicaciones de tipo mágico, y el de aquellas
cuyas causas era desconocida e invisible, en cuyo caso se daban razonamientos
etiológicos de tipo mágico o metafísico. Los alimentos inapropiados o mal
combinados podían ser considerados como causa de diversas enfermedades, según J.
Puerto. La alimentación inadecuada era origen de enfermedad. Aunque no empleaban
la dieta como coadyuvante de la terapia.
El
pueblo egipcio se preocupó mucho por la higiene. Los sacerdotes y clases
dirigentes se depilaban absolutamente todo el cuerpo y se lavaban dos veces al
día y dos de noche. No conocían el jabón, pero sí el
natrón y la sosa; además se perfumaban y utilizaban gran cantidad de
cosméticos para embellecerse y evitar la desecación cutánea.
La concepción mesopotámica de la enfermedad era
estrictamente religiosa, hasta el punto de que la misma palabra significaba
pecado, cólera de los dioses, castigo y enfermedad. Para diagnosticar se
recurría, en primer término, a un interrogatorio ritual del paciente, con el fin
de averiguar el fallo moral que había causado la dolencia. En segundo lugar, se
utilizaban en el diagnóstico y el pronóstico la astrología - que procede de
Mesopotamia - con métodos muy precisos, la hepatoscopia, que consistía en la
búsqueda de señales en el hígado de animales sacrificados o el examen de
sus entrañas, y la quiromancia o interpretación de las líneas de las manos. De
la hepatoscopia se conservan modelos de hígado en arcilla cocida con delicados
detalles anatómicos.
La
contribución más importante de la medicina israelita fueron los preceptos
higiénicos que introdujeron como parte de la ley de Moisés, el consumo de
animales desangrados kosher, la prevención de las enfermedades contagiosas
mediante el aislamiento de los enfermos y el cuidado en la disposición de los
“excreta”. La enfermedad se observó siempre como un castigo de Yahvé a un
pecador; sólo en el libro de Job aparece como una <<prueba>> a un justo para
obtener méritos espirituales, pero no se observa una concepción naturalista de
la enfermedad o de su explicación. El único médico, el único sanador, es Dios;
sólo a los extranjeros se les otorgó el nombre de médico y siempre con cierta
prevención; los sanadores judíos se tenían por <<ayudantes del Señor>>.
Para
los asirio – babilonios la enfermedad es siempre producto del pecado; no es algo
natural, sino el producto de una trasgresión a la vez física y moral, de la que
el enfermo puede ser o no consciente. La palabra <<sbêrtu>>
(shêrtu) significa, a la vez, pecado, cólera de dios, castigo y
enfermedad. El diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento de la enfermedad
estaba a cargo de la clase sacerdotal. Primero había que buscar el origen del
mal; para ello el sacerdote sometía a un interrogatorio al enfermo: << -¿Has
sembrado la discordia entre padre e hijo?-¿Has sembrado la discordia entre madre
e hija?-¿Has cometido crímenes , has robado, has hecho robar? La terapéutica
asirio – babilónica está fundamentada en la oración, los sacrificios y la magia,
practicada por el âshipu. Las oraciones y sacrificios iban encaminadas a
contentar a los dioses para lograr su vuelta al cuerpo abandonado.
Como
causas externas de enfermedad en los textos de la dinastía Han se menciona el
viento, el calor, el frío húmedo, alteraciones en la dieta, excesos sexuales,
emociones violentas y traumatismos. Ciertas enfermedades eran causadas por
espíritus malignos. En la prevención y tratamiento de las dolencias se conceden
un papel decisivo a la alimentación y a la afinidad de los cinco sabores de los
alimentos con las cinco vísceras. Entre las medidas higiénicas se recomienda la
práctica sexual para el florecimiento de la familia, la satisfacción de la
libido y como ejercicio fisiológico que contribuye a prolongar la vida. También
recomiendan el ejercicio físico, así como los estados de reposo y meditación. El
ejercicio rítmico, basado a veces en los movimientos de los animales, es otra
forma de meditación y vivencia de nuestra integración con el mundo que nos
rodea.
Hay
que destacar las técnicas de acupuntura y la meticulosidad en la práctica de los
masajes.
El
saber anatomo–fisiológico de la China antigua, a la par del cosmológico, se vio
presidido por el número cinco: a los cinco elementos básicos (tierra, aire,
agua, madera y metal) se le corresponden cinco órganos principales (corazón,
pulmón, riñón, hígado y bazo), cinco órganos secundarios (intestino delgado,
intestino grueso, uréter, vesícula biliar y estómago) que se corresponden con
los planetas, estaciones, etc. El desequilibrio entre el Yin y el Yang, lleva el
desorden de los cinco elementos y a la enfermedad.
La
causa última de la enfermedad es el desorden mencionado de la dinámica Yin –Yang;
el origen puede estar en los cambios excesivos del clima, la dieta, las
relaciones afectivas, la mojadura, el enfriamiento, los venenos... y también en
los espíritus malignos.
Para el diagnóstico empleaban los cinco sentidos,
pero tiene especial importancia el pulso. Como métodos terapéuticos a destacar
la acupuntura y la moxibustión.
Los
incas y los mayas veían la enfermedad con una idea de transgresión
ética-moral o espiritual. Los aztecas creían que la enfermedad era causada por
los dioses o por hechiceros enemigos. Los aztecas recibían el nombre del día en
el que nacían y sus horóscopos regían el destino, la profesión, la enfermedad,
la salud y la duración de la vida. Los mayas utilizaban también la confesión
expiatoria de los pecados del enfermo.
Los
aztecas diagnosticaban empleando el horóscopo y tenían en cuenta la influencia
de los astros en los diversos órganos del cuerpo. En la curación, además de los
medicamentos, utilizaban el temazcal, baño confeccionado en adobe de un metro y
medio de alto por dos y medio de longitud, en donde se practicaba una terapia
higiénica y purificadora ritual ; se hacía sudar al enfermo y se le aplicaban
masajes.
Los incas empleaban en los tratamientos los
números, como los pitagóricos; por ejemplo, 13 días de ingerir un fármaco para
los hombres y 9 para las mujeres.
La Curación Teúrgica o Espiritual
Con la cultura griega se
produjo el inicio de una visión racionalista y naturalista del cosmos y del
hombre, alejada de la magia y las supersticiones mítico – religiosas. La salud,
como indica J. Chuaqui, era el bien más preciado en la sociedad griega. Además,
sin salud no podía haber belleza.
Se mencionan por vez primera
en los escritos de Homero, algunas palabras que indican la función fisiológica
del cuerpo humano, como la propia función o naturaleza de las cosas (physis),
el aliento vital (psykhé), el sentimiento de las cosas (thymos), el sueño (hypnos),
los sueños (oneiroi), la inteligencia (phrénes), de las cuales proceden las
ideas fundamentales de nuestro lenguaje psicológico.
Para
los griegos antiguos, según Laín Entralgo, la enfermedad es desequilibrio, la
desviación de la norma, y la cura pasa por un retorno a la naturaleza. El ser
humano no es un animal enfermo sino naturalmente sano. El concepto de enfermedad
no puede ser entendida en “soledad” sino en sociedad con la naturaleza.
Existían varias divinidades sanadoras. La
principal de ellas es Apolo, considerado el dios de las plagas y de la
enfermedad, el que aparta y desvía el mal y que domina también la profecía y el
oráculo; su hermana Artemisa, aunque virgen, era tenida como protectora de los
partos y del crecimiento de los niños. Palas Atenea, patrona de las artes y de
Atenas, fue considerada también como sanadora. El principal dios curador fue
Asclepio o Esculapio para los romanos, hijo de Apolo y padre de las diosas
Panacea e Higea, personificadoras de la salud.
La leyenda dice que Apolo encomendó la educación de Esculapio al centauro Quirón, sabio y de carácter dulce, conocedor de las virtudes medicinales de las plantas y de quien aprendió a ejercer la Medicina. Esculapio no se contentó con curar a los vivos, sino que trató de resucitar a los muertos mediante prácticas mágicas prohibidas en el Olimpo, con lo que provocó la ira de Zeus que les destruyó con un rayo. En venganza, Apolo mató a los Cíclopes, artífices de los rayos de Zeus, pero Esculapio se convirtió en la constelación Serpentario, <<el que lleva serpientes>>.Esculapio se representa con bastón y con una serpiente enrollada. En ocasiones se le representa con la copa de medicamentos y con la serpiente enrollada. En aquel momento, la figura del médico y el farmacéutico era uno, y de Esculapio se ha cogido la imagen simbólica que en la actualidad es representativa de la Farmacia, aunque con los quehaceres farmacológicos estaría más relacionado el centauro Quirón y sobre todo la diosa Panacea: la que todo lo cura.
A través de la literatura antigua sabemos que la figura
semi-mítica de Asclepio o Esculapio era considerada como el primer médico de
oficio de la antigüedad. Hay autores que señalan su vida alrededor del siglo IX
a. de C. Antes de Asclepios sólo tenemos noticia que el médico como tal
profesión no existía en la Grecia antigua. En las ruinas de la ciudad de
Ampurias en la provincia de Gerona, se encuentra la estatua dedicada al
Dios‑héroe de la medicina antigua Asclepio o Esculapio para los romanos, que
presidía el templo dedicado a la misma divinidad. Los estudiosos de la
mitología piensan que fue un héroe que destacó en el ejercicio de la Medicina,
acaso durante el asedio de Troya, y llegó a desplazar a Apolo como dios sanador.
El centro de la
medicina teúrgica o espiritual griega estuvo constituido por los templos de
Aclepio, asklepieia. Estos templos estaban edificados en lugares sanos, de
belleza natural, con agua abundante y en ocasiones fuentes minerales, y
alrededor de ellos existían locales para residencia de los enfermos, baños y
ejercicios gimnásticos. Los sacerdotes que regían el templo recibían a los
enfermos con un relato de las curaciones principales allí conseguidas; el
enfermo participaba en las ceremonias de culto, realizaba la ofrenda y el
sacrificio a Asclepio y pasaba por un ritual de abstinencia o dieta, baños,
masajes y unciones, vida tranquila y relajada, que le preparaban para pasar al
descanso de una o dos noches en el interior del templo. Al llegar la noche
dormía en el templo, cerca de la estatua de Asclepio y pasaba por la “incubatio”
(incubación), sueño en que se le aparecía el asclepiades que le recomendaban el
remedio para el mal, o tenía sueños donde recibía el consejo o la curación de la
deidad. Al obtener la curación era costumbre que el enfermo dedicara un anatema
representación en metal o en cera del órgano afectado.
También existía el culto a Dionisio que consistía sobre todo en orgías rituales,
en las cuales los fieles llegaban a un estado transitorio de trance o a veces de
delirio mediante la embriaguez alcohólica y la danza a un ritmo frenético. En
dicho estado se alcanzaba un éxtasis que se interpretaba como unión con el dios,
que sanaba las enfermedades.
De la
misma manera que en otras civilizaciones de aquel entonces, hubo un conocimiento
empírico del uso de los remedios vegetales bastante amplio: Aristófanes describe
el empleo de los anises y de los frutos del cedro en los cólicos ventosos.
Existen también numerosas alusiones a las aguas minerales y termales, a los
baños, masajes.
Simultáneamente con la práctica de la medicina
teúrgica o espiritual, e inclusive con la medicina técnica del período
hipocrático, existió en Grecia una medicina astral, nutrida en una larga
tradición persa y egipcia de observaciones astronómicas a las que dieron forma
algunos médicos griegos antes de siglo IV a, C. La medicina astral griega
estuvo basada en el concepto de la simpatía universal y la correlación del
macrocosmos del universo con el microcosmos del hombre.
CIENCIA
PRESOCRÁTICA
El inicio de una actitud científica en
la medicina hipocrática fue resultado del interés de los griegos por el cuerpo
humano. En el año 776 a.C. se inician las olimpiadas y la creación de los
gimnasios. Se ponía especial cuidado en atender el bienestar y salud de los
atletas, la selección de sus dietas, el entrenamiento físico, las técnicas de
fisioterapia y masajes, y el tratamiento de lesiones traumáticas y algunos
padecimientos por médicos experimentados. Pero en el nacimiento de la medicina
científica griega fue aún más importante la influencia de los filósofos
presocráticos, preocupados por conocer la physis o naturaleza de las
cosas, y en explicar el origen y la constitución del mundo material. La
dedicación fundamental de la ciencia presocrática consistió en explicar el
origen y constitución de la materia a partir de uno o más elementos.
Es importante para los antiguos griegos la
catarsis o ceremonia lustral (repetida cada lustro, cinco años), que se
encuentra presente también en la época homérica y consiste en intentar eliminar
del cuerpo del enfermo las manchas que testimonian la impureza y producen la
enfermedad. Se empleaban fumigaciones, agua o fuego. La medicina hipocrática
racionalizará el empleo de esta terapia; la catarsis se convertirá en purgación
y el remedio catártico será purgante.
Según José María López Piñero: “una de las
características que hay que destacar en los escritos de la escuela de Cos es el
estudio de las enfermedades desde un punto de vista que hoy llamaríamos
ecológico, centrado en interpretar sus manifestaciones en relación con el
ambiente en el que viven los enfermos. Así, uno de los principales tratados - el
titulado “De los aires, aguas y lugares” - está consagrado a este enfoque”.
Pitágoras de Samos, que vivió
en la segunda mitad del siglo VI, enunció el principio de que todas las cosas
podían reducirse a números. La influencia matemática de Pitágoras y sus
discípulos fue decisiva para establecer la idea de la armonía del cuerpo humano,
de los humores y la conservación de la salud. Fue Pitagórica la idea griega del
justo medio, de la medida equilibrada de las cosas, (metron), la perfecta
relación del ejercicio y del reposo, el sueño y la vigilia, alimento y
abstinencia, cólera y burla y así en las demás cosas de la vida. Aparece bien
claro su influjo en el juramento hipocrático (hay quien llega a decir que es de
origen pitagórico), y en especial en las doctrinas hipocráticas y galénicas.
La
terapia pitagórica estaba basada en higiene, en relación a ejercicios corporales
y el empleo de la música como cura. La dieta que tiene como objeto mantener la
armonía de cuerpo y alma. La salud se encuentra en la medida, y “la medida” debe
mantenerse acostumbrando al ser humano al control del estómago, sueño, cólera y
burlas, el vino y los placeres del amor, según Laín Entralgo
Pitágoras, según Jámblico pone el acento ya entonces sobre la decisiva
importancia de la alimentación y la digestión, y sobre el hecho de que las
fermentaciones intestinales son la causa de la mayoría de las enfermedades.
Sabemos por Diodoro que Pitágoras afirmaba que una alimentación vegetariana
“fortalece el cuerpo”, “despeja la mente”, y “protege contra enfermedades”. Hace
hincapié en el aspecto ético‑filosófico que comporta una alimentación
vegetariana y crudívora. Recomendaba no sólo un vegetarianismo sino un
crudivorismo como base principal de la alimentación; la frase “dieta sin
fuego” procede de él y se centra en el aspecto ético‑filosófico que comporta una
alimentación vegetariana y crudívora.
Pitágoras por otra parte entra en contacto con seguridad con el Orfismo, sectas
griegas que ya practicaban la abstención de comer carne por motivos religiosos y
creían en la. transmigración de las almas.
La música, la danza
y el sonido dedicados a expulsar los agentes causales de una enfermedad, se
emplearon también como prácticas terapéuticas en la Grecia antigua, y Pitágoras
recomendó la terapia por la música para tratar de restablecer la armonía natural
o simpatía entre el cuerpo y el alma. Entre los instrumentos musicales
consideraba el más útil la lira para ciertas enfermedades internas y para
reencontrar el equilibrio; prefería el cántico, acompañado de este instrumento
frente la melancolía o la cólera.
Según Alcmeón de Crotona
(fl. 535 a.C.) la salud es la expresión de un equilibrio, lo que
posteriormente Aristóteles y Galeno definirán como eucrasia. Con él comienza el
gran cambio en el campo de la terapéutica y gracias al cual las concepciones
empírico – mágicas anteriores se transformaban en racionales y técnicas.
Alcmeón definió la salud como una isonomía de las fuerzas (dynamys) o equilibrio
en el cuerpo de calidades opuestas, lo frío y lo cálido, lo húmedo y lo seco, lo
dulce y lo amargo, mientras que la enfermedad era una monarchia o el predominio
de alguna de estas cualidades sobre las demás. Alcmeón de Crotona, que fue
discípulo de Pitágoras, fue autor del primer libro de medicina “Peri physios”
donde se plantean los estados de salud y enfermedad con sentido del equilibrio
pitagórico. El hombre sería una imagen microcósmica del macrocosmos universal,
con lo cual todos los descubrimientos o especulaciones sobre el origen de la
materia son aplicables a los conocimientos patológicos y terapéuticos del ser
humano.
“Lo que conserva la
salud es el equilibrio de las potencias: de lo húmedo y lo seco, de lo frío y lo
caliente, de lo amargo y lo dulce, etc., pero el predominio (de una) entre ellas
es causa de enfermedad; pues el predominio de cada opuesto provoca la
corrupción. La enfermedad tiene lugar: por razón de la causa eficiente, por un
exceso de lo caliento o lo frío; por razón de la ocasión, por un exceso o
defecto de la alimentación; por razón del lugar, por la sangre, la médula o el
cerebro. A veces se producen también otras por causas externas, por la cualidad
de las aguas, el lugar, los trabajos, la violencia y otras semejantes. La salud
(por el contrario) resulta de la mezcla proporcional de las cualidades.”
Empédocles de Agrigento (475- 435 a.C.) formuló la teoría según la cual todos
los seres naturales están compuestos por una mezcla en proporciones variables de
cuatro elementos de cualidades opuestas (agua, aire, tierra y fuego). Para él la
enfermedad es el resultado del desequilibrio provocado por el exceso o defecto
de alguno de estos elementos.
Propone dos fuerzas invisibles como verdaderos motores del cambio: el Amor y la
Discordia.
Los hipocráticos, bajo la influencia de la teoría de los cuatro elementos de
Empédocles, llegaron a una doctrina en la que todas las partes del organismo
están compuestas por mezclas en proporciones variables de cuatro humores del
organismo: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema o pituita.
Para Diógenes de Apolonia (450 a. C) el médico se
limita a restaurar, en unión con la naturaleza. La fiebre y los síntomas de
enfermedad se comparan con una araña, allí donde la mosca avería, allí la araña
restaura de nuevo su tela. El neuma o aire tiene papel vivificante sobre el
cuerpo y es sinónimo de espíritu