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YO PARTICIPÉ EN LA REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA. |
Diego Alejandro Montalva Talledo.
locobo182@hotmail.com
Por las lecturas
realizadas, sabía que el año 2005 celebramos en el Perú el bicentenario de la
llegada de la Expedición Filantrópica de la Vacuna, iniciado a fines de 1803 en
el Puerto de La Coruña, España, que durante el año 1804 tocó diversos puertos
americanos, y luego por vía terrestre desde Colombia y Ecuador arribó al Perú y
continuó hasta Bolivia; llevando el fluído preventivo contra la enfermedad de la
viruela, que asolaba nuestros países, causando numerosas víctimas.
La reseña
del viaje realizado por un grupo de niños portadores de la vacuna y un equipo de
profesionales, me pareció fascinante; mi cerebro imaginó una serie de escenas y
de circunstancias, en diversos puertos y ciudades donde se detenía la Expedición
para vacunar a hombres, mujeres y niños, cumpliendo su misión preventiva, y
evitar que sufrieran los estragos de la enfermedad. Y soñé como si fuera una
película de estreno.
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El Puerto. Al despertar,
estaba en otro lugar, la cama era dura y húmeda; me incorporé a reconocer el
lugar donde me encontraba. Me sorprendí de no hallarme en mi habitación; ¡estaba
en un muelle! Había muchas naves, resaltando uno especialmente grande; con
varias personas a su alrededor que mostraban interés por éllas. Me extrañó la
ropa que llevaban; no eran los únicos vestidos así. Mi ropa era similar a la de
ellos, como en los libros de historia; ¡había retrocedido al año 1803!
Hablaban
sobre la compra del barco “María Pita”. Ese nombre me era familiar; recordé que
había visto ese nombre en libros y documentos que leí sobre la Real Expedición
Filantrópica de la Vacuna: una importante misión enviada desde España a América
en 1803 para difundir el método preventivo de la vacuna contra la viruela, y
evitar sus trágicos estragos. ¿Era posible que hubiera viajado 200 años atrás?
No sé cómo sucedió ni por qué, pero créanlo o no, ¡estaba en el Siglo XIX!
La Viruela. Recordé que
España por entonces sufría de epidemias de viruela, que las personas más
vulnerables eran los niños de 5 a los 14 años y que en América por no haber
existido la viruela antes del Descubrimiento, los indígenas no habían
desarrollado anticuerpos o medios defensivos contra élla. ¡Debía vacunarme! De
inmediato busqué la Junta de Sanidad local y me hice aplicar el suero. Me
estremecía la alta tasa de mortalidad, pues 3 de cada 10 personas que la
contraían morían. Una antigua medida utilizada por persas y chinos, que en el S.
XVII era común en Asia y África, era la variolización. Felizmente pronto surgió
otro método eficaz y sin riesgo, gracias a Eduardo Jenner, un cirujano inglés
nacido en 1749. La vacuna se obtenía de la viruela padecida por las vacas, y se
transmitía al hombre en forma directa. Jenner logra las primeras inmunizaciones
contra la viruela mediante la inoculación del virus de la viruela vacuna en las
personas.
El Rey
Carlos IV, conocedor del gran beneficio que proporcionaba la vacuna, al
enterarse de las epidemias en América, dispuso de inmediato se organizara la
Real Expedición Filantrópica de la
Vacuna, para llevar este benéfico preventivo.
La Real
Expedición fue una empresa típicamente ilustrada, puesto que une ciencia y
filantropía, dos características esenciales de ese período.
El 8 de octubre
de 1803 fui al muelle donde había comenzado mi aventura, (se trataba del puerto
de La Coruña), para presenciar la compra del “María Pita”.
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¡Debía encontrar la forma de lograrlo! El “María Pita” no zarparía hasta el
30 de noviembre de ese año, por lo que contaba con poco más de un mes para
conseguirlo. Yo sabía que tres personas eran el soporte de la expedición: el
Director Francisco Xavier Balmis y Berenguer, el Subdirector José Salvany y
Lleopart y la Rectora de la casa de los niños expósitos, Isabel Sendales
Gómez. Los dos primeros eran prácticamente inaccesibles por los altos cargos
que desempeñaban. En cambio, resultaba más fácil establecer contacto con la
Rectora. Ella tenía bajo su responsabilidad la Casa de los Expósitos de La
Coruña
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Fui a
dicha Casa para hablar con la Rectora, hablamos por fin de la Real Expedición.
Al ver cuán grandes eran mi interés y mi entusiasmo por esa noble empresa, la
Rectora me propuso lo que con tantas ansias esperaba: ¡participar en ella! No
importa aunque fuera asistente de limpieza
Temprano
me dirigí al puerto de La Coruña junto con la Rectora y los 21 niños de la Casa
de Expósitos elegidos para la Expedición. Los niños, entre tres y nueve años,
eran los encargados de mantener vivo el virus pasándolo de uno a otro siguiendo
la técnica “brazo a brazo”. Además se transportaba una carga de linfa de vacuna,
guardada entre placas de vidrio selladas. Cuando llegamos, ya estaban allí los
demás miembros de la expedición: el Director Francisco Balmis, el Subdirector
José Salvany; los ayudantes Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robredo
Los Profesionales Balmis y Salvany.
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Durante los días conversaba mucho con doña Isabel y ella me presentó al
Director Balmis y al Subdirector Salvany, quienes se mostraron complacidos y
también extrañados al hablarles yo con tanto interés y conocimiento acerca
de la Expedición. El doctor Balmis me contó mucho de los preparativos y de
los objetivos de la Expedición, así como también acerca de su formación
académica y de sus expectativas. |
Inicio del viaje. La
principal función que debía cumplir la Expedición era: vacunar a la mayor
población posible, enseñar a preparar la vacuna a los facultativos locales y
organizar Juntas de Vacunación, encargadas de llevar un registro de vacunaciones
y mantener el suero vigente para futuras inmunizaciones. Balmis consideraba
fundamental la ayuda de autoridades civiles y religiosas porque a través de
éllas se lograría la colaboración popular. A lo largo del viaje iba a
constatarse esta información, pues en los lugares en los que las autoridades
locales participaran favorablemente iba a ser mucho más fácil lograr que la
gente se vacunara.
Las Islas Canarias.¡Llegamos
así a nuestro primer destino! Se trataba de las Islas Canarias. Están ubicadas
en el Océano Atlántico, frente a las costas africanas. El cálido recibimiento
nos dio mucho ánimo al comenzar la Expedición. En Tenerife se estableció un
centro desde el cual se difundió la noticia al resto de las islas. El primer
destino de la expedición resultó en esta forma todo un éxito.
Puerto Rico. El 6 de enero
de 1804 zarpamos rumbo a la Isla de Puerto Rico. En la corbeta aprovechaba mis
horas libres para conversar con Balmis. Nuestra charla giró en torno a todos los
preparativos que fueron necesarios para la partida de la Real Expedición. Debido
a la preocupación de Carlos IV, el Rey de España, por los sufrimientos de los
pueblos americanos causados por la viruela, el 13 de marzo de 1803 el Consejo de
Indias solicitó informes sobre la mejor manera de llevar la vacuna a estos
territorios. Aprobada la propuesta de llevarla por mar y con niños, se iniciaron
todos los preparativos. El primer problema que debía resolverse fue el de la
financiación. Se acordó que la Real Hacienda corriera con todos los gastos. El
siguiente punto, me explicó Balmis, fue la selección del personal; se le designó
jefe de esta empresa., por ser uno de los médicos que con mayor éxito había
practicado la vacunación en España, además de haber traducidodel francés al
castellano la obra “Traité historique et practique de la vaccine” de Moreau de
la Sarthe, quien escribió sobre el método Jenner. Agrego que Balmis llevó en el
viaje 500 ejemplares de esta obra, siendo el texto utilizado para enseñar la
técnica de vacunación a los facultativos locales.
Me contó
el Dr. Balmis que propuso a los participantes de la Expedición. Los ayudantes
debían ser facultativos con formación médica; pero a los practicantes, cirujanos
y enfermeros no les exigió título, salvo que fueran competentes en las labores
sanitarias y profilácticas, y con experiencia en el nuevo método de la
vacunación.
El Rey
Carlos IV firmó el 1 de setiembre de 1803 un edicto dirigido a todos los
funcionarios y autoridades civiles y religiosas de América, anunciando la
llegada de la Real Expedición. Se recomendó darles un buen recibimiento y
brindarles apoyo para que cumplan la importante misión preventiva trazada.
Durante
la navegación, que duró más de un mes, sufrimos percances causados por un clima
adverso. La principal diferencia entre las Islas Canarias y Puerto Rico fue que
en ésta la vacuna ya era conocida. El médico Francisco Oller Ferrer había
solicitado la vacuna a la isla de Santo Tomás que era dominio inglés, debido a
que las epidemias en Puerto Rico fueron devastadoras. Al haber un brote
epidémico, hizo que la población se trasladara a San Juan y logró vacunar
prácticamente a todos los niños. Esto ocasionó enfrentamiento entre Balmis y
Oller, enviando informes al Rey cada uno. Balmis acusaba a Oller de no haber
efectuado las vacunaciones con el rigor científico necesario y que por lo tanto
no había vacunado adecuadamente y se debía volver a vacunar. Oller, con el apoyo
del Gobernador, se defendió con informes que acreditaba que a las personas que
él vacunó no les prendió la vacuna de Balmis.
Venezuela. Dejamos Puerto
Rico el 12 de marzo de 1804 y enrumbamos hacia la Capitanía de Venezuela.
Contábamos con menos niños debido a los problemas surgidos entre Balmis y el
Gobernador. José Salvany en cambio, siempre era cordial. Él me explicó que
existían fundamentalmente dos formas de conservar el fluido vacunal activo
mientras se traslada de un lugar a otro. La primera forma menos eficaz,
consistía en frotar un cristal en la costra de una pústula de alguien que había
sufrido la viruela vacuna, para sacar la linfa y colocarla entre dos cristales.
A veces se envolvían con papel los cristales con la linfa y así se enviaba a
otros lugares. No tenía muy claro qué era la linfa, y pregunté. Me contestó que
era la parte del plasma sanguíneo que atraviesa las paredes de los vasos
capilares. La segunda forma era el método de brazo a brazo, que se utilizó en la
Expedición. Primero se aplica a una persona el virus vacunal, para que el
desarrollo de vesículas y pústulas confirme que la vacuna había tenido éxito.
Para mantenerlo activo se pasaba el virus de una persona a otra. El
procedimiento era realizar un pequeño corte en la cara interna del codo y
frotarlo contra una pústula de la persona vacunada. Salvany también me dijo que
la edad y el sexo influía en las probabilidades de contagio y en la velocidad
con que prende la viruela.
Algo sobre la vacuna. Los
hombres son más propensos que las mujeres y la edad de mayor vulnerabilidad era
entre los 5 y los 14 años. Por eso se eligieron niños de esas edades para la
Expedición, ya que la vacuna les prendería más fácilmente. Los niños de la Casa
de Expósitos de la Coruña fueron los primeros encargados de mantener activo el
fluido vacunal. Luego las autoridades de cada ciudad debían proporcionar niños a
la Expedición para proseguir la vacunación. Al reflexionar sobre esto, me di
cuenta que los niños eran así los principales protagonistas, dada la importancia
que tuvo su participación para que la Expedición tuviera éxito. Me conmovía que
ellos más sufrieron; el clima, la altura, los largos viajes y todas las
incomodidades les afectaban mucho más, por lo que se enfermaban con mayor
frecuencia, sin contar el malestar propio de la vacuna Y han sido injustamente
olvidados!
Luego de
esta larga plática empecé a tener mayor confianza con Salvany y a conversar
seguido con él. Lo conocía todavía muy poco, pero ya era mi favorito de la
Expedición. Era un gran hombre, de noble corazón y con mucho valor. Estaba muy
comprometido con la misión y daba todo por ella con energía y entusiasmo. No
tenía la capacidad organizativa de Balmis, pero sí una gran habilidad para
reconocer la labor de las personas de su entorno. Sentí interiormente que íbamos
a ser muy buenos amigos.
Los dos grupos de la Expedición.
El Dr. Balmis dispuso que la corbeta atracara en Puerto Cabello. Aquí la
Expedición se dividió. Salvany se quedaría en Puerto Cabello vacunando a la
población y otros dos grupos irían a Caracas por caminos separados. Yo decidí
quedarme con Salvany y presenciar una vez más las vacunaciones, entendiendo
mejor todo el proceso. Partimos hacia Caracas. Habían extremado los agasajos,
tanto en celebraciones religiosas como en fiestas, bailes y serenatas en las
calles. En una de las tertulias asistió Andrés Bello, uno de los intelectuales
más destacados Hacía sólo unos meses él había escrito una Oda a la Vacuna, y
consideraba la vacunación como símbolo del progreso de la Humanidad. ¡Estaba yo
muy emocionado por participar en la Expedición!
Estaba
cercano el día en que e. Dr. Balmis anunciaría dividir la Expedición en dos
grupos; la razón era volver el proceso rápido y eficaz de difusión de la vacuna.
Un grupo sería dirigido por él con destino a Centroamérica y el segundo por D.
José Salvany en América del Sur. Mi decisión ya estaba tomada desde antes; pese
a saber que las dificultades iban a ser excepcionales, elegí ir con Salvany. No
sólo porque me había hecho gran amigo de él, sino también porque ése era la
parte de la Expedición que pasaría por mi país, el Perú. ¡Iba a ser emocionante
vivir una gran experiencia en mi propio país 200 años antes!
El 29 de
abril de 1804 Balmis dio las últimas instrucciones. Aconsejó ”la unión entre sí,
la eficacia, presteza y exactitud de las operaciones y la atención y deferencia
debidas a los jefes con quienes tuvieran que entenderse”.
En ruta a Colombia. Luego
partimos de La Guayra el 8 de mayo de 1804 rumbo al Virreinato de Nueva Granada
(Colombia) .La noche del 13 de mayo naufragamos en la desembocadura del río
Magdalena. Todos enfermamos, pero los más afectados fueron los niños. Ahí
comprobé una vez más el enorme sacrificio que significaba la noble empresa de
difundir la vacuna. Otra embarcación nos rescató.
Creo que
es oportuno que describa en pocas palabras la situación de América del Sur.
Además del Virreinato del Perú, también había Virreinatos en Nueva Granada y en
Río de la Plata (Buenos Aires) como resultado de la reordenación territorial
ocurrida producida en el S. XVIII. Otros acontecimientos contribuyeron como la
independencia de las colonias inglesas, la Revolución Francesa y la Ilustración.
La búsqueda de mayor autonomía estimuló el afán de conseguir por sus propios
medios la vacuna jenneriana.
En
Cartagena de Indias nos recibieron espléndidamente. Para las vacunaciones, que
fueron más de dos mil, contamos con el apoyo del Gobernador, de las autoridades
eclesiásticas y de las personas más influyentes del lugar. Desde allí se envió
vacuna hacia Panamá y Buenos Aires.
Salvany
decidió que la Expedición debía dividirse en dos grupos. Uno conformado por él y
Bolaños, al que me uní; otro por Grajales y Lozano. En la villa de la Honda,
Salvany enfermó gravemente; y perdió la visión del ojo izquierdo. Pero lo único
que le importaba era continuar con su labor Se superó las 56 mil vacunaciones.
Llegamos a Santa Fe y los dos grupos se reunieron. En esta ciudad fueron
vacunadas muchísimas personas y se creó una Junta de Sanidad.
Partimos
el 8 de marzo de 1805 hacia Quito, el próximo destino de la Expedición.
Nuevamente nos dividimos en dos grupos. Debimos atravesar la Cordillera de los
Andes sin contar siquiera con caminos, con más o menos 5.000 msnm. Los más
perjudicados fueron nuevamente los niños. A medida que nos adentrábamos en la
Cordillera de los Andes, la salud de D. José Salvany empeoraba. Con sus propias
palabras los males que sufría eran: “tercianas”, “garrotillo”, “opresión y mal
de pecho” y “fuerte mal de corazón”. Por lo que había leído sufría de
tuberculosis pulmonar.
Popayán y Quito Luego de
dos meses de recorrido por los Andes llegamos a Popayán, donde nos reunimos con
el otro grupo. El Presidente de la Audiencia los solicitó debido a un brote
epidémico, por lo que rápidamente Salvany y Lozano acudieron y yo fui con ellos.
Por otro lado, Grajales y Bolaños se dirigieron al puerto de Guayaquil para
continuar hacia Panamá con el fluido vacunal. Fue impresionante y emotivo cuando
el pueblo alzó en brazos a los niños portadores de la vacuna. Nos quedamos dos
meses en Quito, donde también se creó una Junta de Vacuna, y luego salimos hacia
Cuenca.
El Virreinato del Perú. La
ciudad de Lima estaba muy afectada por la viruela, por lo que debíamos ir
rápidamente hacia allá. Los historiadores coinciden en afirmar que la viruela no
existía en América antes del Descubrimiento. En el idioma quechua, no existía
vocablo para designar la viruela ni tampoco habían representaciones en la
cerámica. Al Virreinato de Nueva España (México) llegó la viruela en 1519 y seis
años después llegó a mi país. Había leído que durante el reinado de Huayna
Cápac, época en la que se inicia la conquista de América, una terrible epidemia
afectó a la población nativa, y causó la muerte del Inca y de miles de indígenas
hacia 1525.
Durante
los tres siglos de Virreinato las epidemias de viruela fueron una causa esencial
del desplome demográfico del Perú y de América. Poblaciones enteras fueron
arrasadas por esta enfermedad, siendo su principal víctima el indígena; como no
habían estado expuestos nunca a la enfermedad, su organismo no tenía defensas ni
estaba preparado para combatirla, por no haber desarrollado anticuerpos. Además
la propagación de la enfermedad era facilitada por las condiciones de
hacinamiento y poca higiene en que vivían. Esta plaga desmoralizaba a las
comunidades indígenas porque percibían su naturaleza como más débil que la de
los europeos.
Durante
los siglos XVI, XVII y XVIII hubo un promedio de ocho epidemias por siglo. Los
estragos que causó en la población fueron relatados al Rey Carlos IV, así como
el Almanaque Peruano de 1802; lo que finalmente se tradujo en la Real Expedición
Filantrópica de la Vacuna
Piura. El 23 de diciembre
de 1805 llegamos a San Miguel de Piura. ¡Llegamos al Perú! En Piura, Salvany
recibió dos cartas del Virrey Avilés, que le comunicaba que el médico del Puerto
del Callao, D. Pedro Belomo y Cevallos había logrado vacunar por primera vez
hace dos meses. No pudo llegar a tiempo Salvany para que la Expedición fuera la
responsable de introducir la vacuna en el Perú.
Trujillo. Luego de Piura
enrumbamos hacia Trujillo. Llegamos el 9 de enero de 1806. Inmediatamente se
procedió a instruir a los médicos y sanitarios locales en la vacunación, tarea
que para Salvany era más importante que la de vacunar, porque con los
conocimientos adquiridos los facultativos iban a poder realizar ellos las
vacunaciones.. Una vez hecho esto, volvimos nuestros pasos para ir a Lambayeque.
Las etnias indígenas ofrecieron resistencia a la vacunación. Esta oposición se
debía en parte a su diferente percepción cultural, pero también era estimulada
por los adversarios de la Expedición. Ante las innovaciones reaccionan siempre
con cautela. Me dio mucha pena que no supieran valorar todo el esfuerzo
realizado
Cajamarca. Continuamos
nuestro recorrido dirigiéndonos hacia la ciudad de Cajamarca, a la cual llegamos
el 9 de marzo de 1806. El recibimiento solemne que tuvimos renovó las fuerzas.
Partimos hacia Lima. El recibimiento de la expedición a su llegada a Lima el 23
de mayo. No fue lo que se esperaba.
En la Ciudad de Lima. Hubo
tres razones principales, Lima ya contaba con la vacuna meses antes de la
llegada de la Real Expedición y el proceso de vacunación se estaba realizando
con éxito, la vacuna se había puesto a la venta transformándose en un negocio;
las autoridades habían desplegado grandes esfuerzos para conseguir la vacuna
jenneriana y buscaban que se les reconociera su mérito.
Afortunadamente el Virrey Abascal, el Arzobispo y el Protomédico apoyaron
plenamente a Salvany, quien hizo ver la situación de manera positiva. El Dr.
Belomo me contó que debido a las fuertes epidemias de viruela que azotaban Lima,
el Virrey Avilés solicitó el fluido al Virrey de Buenos Aires. Lamentablemente
el fluído vacuno perdió con el viaje su fuerza, por lo que trató de experimentar
con los únicos tres vidrios que recibió hasta que ¡prendió la vacuna! Se
hicieron muy rápidos progresos, ya que se logró vacunar a muchísimas personas.
El primer vacunado y protegido fue el niño Cecilio Cortés.
El homenaje de la Universidad.
A pesar de sus dolencias, Salvany empezó al día siguiente la campaña de
vacunación con el tesón y entusiasmo de siempre. Durante toda la campaña
intervinieron activamente los médicos Pedro Belomo y José Manuel. Dávalos. Se
obtuvieron buenos resultados: se vacunaron 22 726 personas A mediados de julio
de 1806 se instaló en Lima la Junta de Vacuna . El renombrado médico peruano
Hipólito Unanue presentó a Salvany al claustro de la Universidad de San Marcos,
la primera y principal universidad del Nuevo Mundo. El 8 de noviembre la
prestigiosa casa de estudios le otorgó a Salvany el grado de Licenciado, y luego
de Doctor en Medicina.
Hacia el sur. Partimos de
Lima hacia el sur en enero de 1807. La expedición se dividió nuevamente y
Salvany decidió que Grajales y Bolaños vacunen en Huarochirí, Jauja, Tarma,
Huánuco, Panatagua y Cañete. Lograron vacunar a 9.532 personas. Rafael Lozano,
el otro ayudante, se dirigió a Huancavelica, Huamanga y Cuzco; lugares en los
que logró vacunar una cantidad similar de personas. Grajales estaba encargado
además de una misión bastante importante. Debía difundir junto con Bolaños la
vacuna en Chile. Antes de partir, Salvany dio claras y enérgicas instrucciones a
sus subalternos, les exhortó a tratar con suavidad y paciencia al pueblo
peruano.
La ruta de la sierra. La
ruta de Salvany pasaba en cambio por Ica y Arequipa, en esta última su estado de
salud se puso crítico, hasta pensamos que podía morir. El 16 de diciembre de
1807 escribió al Rey desde Arequipa pidiéndole la Intendencia de La Paz en el
Virreinato de Buenos Aires, que estaba vacante y teniendo en consideración los
servicios prestados y su estado de salud. Siguiendo nuestro trayecto llegamos a
Puno, donde se logró vacunar a 1 094 personas. Según la cuidadosa estadística
que llevaba Salvany, en mi país se lograron vacunar 197 004 personas.
Bolivia. Cuando llegamos a
Bolivia, Salvany enfermó gravemente en La Paz. Había luchado constantemente por
conseguir los recursos económicos y el apoyo político necesario para cumplir su
misión; pero ya su organismo estaba minado. En Bolivia las ciudades importantes
fueron beneficiadas por la vacuna, así como las provincias. Grajales envió a
Salvany un informe comunicándole que ya habían llegado a Valparaíso, donde
habían instaurado una Junta de Vacuna, y que luego iban a ir a Santiago y más al
sur. Entretanto, los Cabildos de Puno y de Oruro habían solicitado el
nombramiento de D. José Salvany como regidor de sus Ayuntamientos, pero no hubo
respuesta; ni menos para el cargo de Intendente de La Paz.
Muerte de D. José Salvany. Víctima de las enfermedades que minaron su
organismo, lamentablemente falleció el 21 de julio de 1810 en la ciudad de
Cochabamba; fue enterrado en la Iglesia de San Francisco; murió totalmente
olvidado no obstante los grandes beneficios que realizó. La expedición de
Grajales llegó hasta el sur, cerca del estrecho de Magallanes y debido a las
revueltas independentistas, tuvieron que retornar rumbo al Callao en enero de
1812.
Recorrido
de F. Balmis. En La Paz, Salvany recibió cartas de Balmis con reseña de lo
realizado en Nueva España, Filipinas y China que detallamos. Primero en Santiago
de Cuba, donde vacunó a más de 15 000 personas e instauró la Junta Central de
Vacuna. El siguiente destino fue Sisal, en la península de Yucatán (México),
adonde arribó el 25 de junio de 1804.
Luego
pasó a Veracruz el 24 de julio. La campaña aquí no fue buena y Balmis, enfermo
de disentería y desalentado, se retiró hacia la Ciudad de México. Sin embargo,
pese a todas las dificultades, la campaña de vacunación en Nueva España resultó
buena, pues se vacunó un gran número de personas, se crearon las Juntas de
Vacuna y se hizo la capacitación de profesionales, lo que aseguraba la
continuidad del proceso de vacunación. El 8 de febrero de 1805 se embarcaron en
el puerto de Acapulco en la nave “Magallanes” rumbo a Manila y Filipinas.
Los niños
fueron los más perjudicados, pues el viaje no se hizo en buenas condiciones, y
se plantearon reclamos. Al enfermar Balmis, pidió licencia para ir a China, en
busca de un clima más saludable. El ayudante Antonio Gutiérrez quedó encargado
de proseguir la vacunación en Filipinas y luego retornar a México. Balmis
encontró gran resistencia de las autoridades y por eso sólo pudo vacunar a un
grupo de personas. En un informe hace mención especial de Isabel Sendales y
Gómez, por su generosidad y excelente labor con los niños expósitos. Hizo escala
en la isla británica de Santa Elena y vacunó a todos los niños del lugar. Arribó
finalmente a Lisboa el 14 de agosto de 1806, desde donde se dirigió a la capital
del reino. El 7 de setiembre en Madrid fue felicitado por el Rey y la Corte, por
los buenos resultados obtenidos con la vacunación en América y Asia.
Examen y Conclusión. Fue
una experiencia única, emocionante y conmovedora, que nunca olvidaré. He
reflexionado mucho sobre el gran significado de la Real Expedición Filantrópica
de la Vacuna, que ha sido una demostración de humanitarismo y filantropía. Se
trata de la primera acción humanitaria de alcance universal. Me hizo razonar
sobre la gran preocupación de España por el bienestar de la población americana;
que ha enriquecido mucho mi percepción de la época virreinal, al conocer más el
lado humano de la relación entre España y sus reinos. Por otro lado, la
Expedición constituyó un gran logro sanitario y administrativo, ya que no era
tarea fácil difundir tan ampliamente la vacuna en la América y en las Filipinas.
Por mi experiencia en la Expedición creo que José Salvany y todos los niños que
partieron de La Coruña, así como todos aquellos que dejaron sus pueblos para
unirse a la Expedición, merecen nuestro especial reconocimiento y gratitud por
la acción preventiva realizada.
Al
terminar de leer los informes, fui a devolvérselos a Salvany, los guardó y oí
una voz:: “Oye, gracioso, por tu culpa nos descalificaron del torneo de
Warcraft III”. No podía creer que Salvany me estuviese hablando de Warcraft
III, mi juego favorito de ordenador. Luego gritó de nuevo con voz que no era la
suya: “¡Cómo que disculpe! ¡Tú nos vas a pagar la inscripción!”. Abrí los ojos y
me pareció ver a mi amigo Miguel. Me froté los ojos, miré bien y ahí estaba él
muy molesto. En un segundo me di cuenta de lo que había pasado. Ahora todo tenía
sentido; había sido un sueño, ¡y qué sueño!, un sueño de más de 3 años, con
razón no me desperté temprano para el torneo. Sonreí y busqué tranquilizar a
Miguel, pues quería escribir lo antes posible mi aventura fantástica en la
Expedición de la Vacuna, como una forma de rendir homenaje a quienes hicieron
posible la valiente y filantrópica Misión Preventiva contra la viruela. Era
increíble cómo todo me había parecido tan real, ¡había tenido en sueños la gran
aventura de mi vida! Me senté y empecé a escribir. Tal ha sido el resumen de
esta fantástica aventura.
Lima,
febrero 28 de 2005.